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1 de Julio de 2013
Historia de la química

Una reunión de premios nóbel

Mientras los laureados y los recién llegados a la química crean nuevos lazos, celebramos aquí sus logros, pasados y futuros.

BOMBOLAND

En síntesis

Desde hace 63 años, cada verano se reúnen en Lindau premios nóbel y jóvenes promesas científicas. Este año el encuentro está dedicado a la química.

Para celebrarlo, hemos recuperado de nuestra hemeroteca once textos publicados en la revista por algunos de los laureados en esta disciplina.

Los extractos cubren un amplio espectro de temas, desde la estructura de los átomos y las moléculas hasta la composición de la atmósfera terrestre. Algunos describen hallazgos fundamentales sobre elementos naturales; otros, los esfuerzos para crear sustancias totalmente nuevas.

Algunas de las cuestiones que preocupaban a los químicos de antaño permanecen hoy sin respuesta, y algunos materiales fabricados por el hombre, antes considerados inusuales y de valor incierto, se han convertido en cotidianos.

Los químicos se interesan por las propiedades de la materia a la escala de los átomos y las moléculas. Este enfoque puede parecer estrecho de miras, pero es completamente lo contrario. La química arroja luz sobre numerosas cuestiones acerca del mundo que nos rodea, entre ellas los orígenes de la vida, el funcionamiento del cuerpo humano o los efectos de ciertas moléculas diminutas sobre la atmósfera de la Tierra. Y, por supuesto, la química hace posible la creación de materiales útiles que no se encuentran en la naturaleza.

Así es, y así ha sido durante más de un siglo, como evidencia el historial de premios Nobel concedidos por los progresos en química. El día 30 de junio se inauguró en Lindau un encuentro entre algunos de estos laureados y jóvenes científicos, para tratar de los avances anteriores y las perspectivas de futuro. Para celebrar el evento (en su 63ª edición), publicamos una serie de extractos de artículos publicados en Investigación y Ciencia (en Scientific American los anteriores a 1976) de autores premiados con el Nobel de química. Muchos de los fragmentos se centran en las prioridades de la investigación actual.

«Teorías modernas sobre la electricidad y la materia», por Marie Curie (premio Nobel en 1911)
Scientific American, junio de 1908

«La realidad de las moléculas», por Theodor (The) Svedberg (premio Nobel en 1926)
Scientific American, febrero de 1913

«La química del átomo caliente», por Williard F. Libby (premio Nobel en 1960)
Scientific American, marzo de 1950

«La estructura tridimensional de una proteína», por John C. Kendrew (premio Nobel en 1962)
Scientific American, diciembre de 1961

«Represores genéticos», por Mark Ptashne y Walter Gilbert (premio Nobel en 1980, Gilbert)
Scientific American, junio de 1970

«Función enzimática del ADN», por Thomas R. Cech (premio Nobel en 1989)
Investigación y Ciencia, enero de 1987

«El origen de la Tierra», por Harold C. Urey (premio Nobel en 1952)
Scientific American, octubre de 1952

«Una atmósfera cambiante», por Thomas E. Graedel y Paul J. Crutzen (premio Nobel en 1995, Crutzen)
Investigación y Ciencia, noviembre de 1989

«Cómo fabricar moléculas gigantes», por Giulio Natta (premio Nobel en 1963)
Scientific American, septiembre de 1957

«Plásticos que conducen la electricidad», por Richard B. Kaner y Alan G. MacDiarmid (premio Nobel en 2000, MacDiarmid)
Investigación y Ciencia, abril de 1988

«Microscopía electrónica ultrarrápida», por Ahmed H. Zewail (premio Nobel en 1999)
Investigación y Ciencia, octubre de 2010

Puede sorprender que los conceptos abstractos iniciales de átomo y molécula no contaran con base experimental sólida hasta principios del siglo XX. En su artículo de 1913, Theodor (The) Svedberg describió el modo en que el trabajo de Ernest Rutherford sobre las partículas alfa (núcleos de átomos de helio), entre otros estudios, demostró la existencia de átomos y moléculas. Después de 100 años, técnicas como la microscopía de fuerza atómica generan imágenes de moléculas en las que sus átomos (y los enlaces químicos entre ellos) se muestran claramente visibles. Si ver es creer, tales fotografías dejan poco espacio a la duda.

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