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1 de Noviembre de 2012
Consciencia

Delitos oníricos

En el estado neurológico a caballo entre el sueño y la vigilia, los delirios de la mente pueden adquirir trágica realidad.

WIKIMEDIA COMMONS_DOMINIO PÚBLICO

En síntesis

Según algunos científicos, que el cerebro esté despierto o dormido no es una disyuntiva excluyente.

Sus investigaciones inducen a pensar que lo que reconocemos como dormir (ojos cerrados, inmovilidad física y pérdida de consciencia) se produce solamente después de que cierto número de partes del cerebro entren cíclicamente en estado onírico.

Si esta hipótesis de dormición parcial es correcta, partes de nuestro cerebro pueden estar dormidas mientras damos la impresión de hallarnos despiertos, y viceversa.
Este nuevo enfoque podría explicar por qué, en casos sumamente raros, los individuos pueden cometer graves delitos —homicidio incluido— mientras duermen.

Exteriormente, nada llamativo ofrecía en su aspecto aquel hombre que se presentó el 27 de junio de 2005 en el Centro Regional de Alteraciones del Sueño de Minnesota. Benjamín Adoyo (démosle ese nombre) era sonámbulo, como miles de otros pacientes. Este joven universitario de 26 años, originario de Kenia, había tenido episodios de deambulación nocturna desde su infancia. En los últimos tiempos, esa conducta empeoró. Adoyo se había casado en febrero. Despertaba a su mujer a empujones y se incorporaba en el lecho mascullando palabras carentes de sentido. La mujer, asustada, hacía cuanto podía para despertar a su marido, quien, ya consciente, no recordaba absolutamente nada. Vivían en un pisito de un solo dormitorio, en Plymouth, un barrio de Minneapolis. El reciente matrimonio se estaba resintiendo a causa del sonambulismo del marido. El informe del médico de atención primaria de los Adoyo reseñaba que «la esposa del paciente sufría ocasionales sobresaltos por el comportamiento de su marido, pero no lesiones, per se».

Los profesionales del centro del sueño, tras valorarle, indicaron a Adoyo que volviera el 10 de agosto para realizarle una electroencefalografía (EEG) nocturna de las ondas eléctricas generadas por su cerebro durante el sueño. En mitad de la noche, Adoyo empezó a palpar a ciegas los electrodos y a tironear de los cables que los conectaban, arrancándose mechones de pelo. Pero no se despertó. A la mañana siguiente, Michel Cramer Bornemann, director del centro, le explicó que los resultados del estudio confirmaban un trastorno del sueño conocido como parasomnia NoREM. Mientras le refería a Adoyo cómo se había arrancado los sensores, Bornemann le preguntó si había sentido algún dolor al hacerlo o al tirarse del pelo.

«Nada de nada», le respondió Adoyo, sin dudar lo más mínimo.

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