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El problema de la inducción de Hume

¿Es posible predecir el futuro? Una consecuencia sorprendente del axioma de elección.

DANIEL UZQUIANO

Todos razonamos sobre el futuro a partir de nuestras observaciones sobre el pasado. Cuando subimos a un avión, confiamos en que el aparato se elevará porque,  en el pasado, una gran cantidad de aeronaves casi idénticas lo han hecho sin problemas en circunstancias muy similares. Cuando preparamos una taza de café, creemos que nos provocará la misma sensación placentera que en ocasiones anteriores. Todos estamos seguros de que mañana saldrá el sol. Nuestras expectativas acerca del futuro se basan en el método inductivo, según el cual tendemos a proyectar sobre el porvenir las regularidades que hemos observado en el pasado.

En el siglo XVIII, David Hume propuso un célebre argumento contra el método inductivo. Este partía de la siguiente pregunta: ¿cómo justificar la expectativa de que el método inductivo continuará generando predicciones mayoritariamente correctas en el futuro? Para demostrarlo cabrían dos posibilidades: a partir de un argumento deductivo, o bien mediante un razonamiento basado en nuestra experiencia previa con el método.

Pero parece claro que ningún argumento lógico o matemático podrá justificar el método inductivo: el mundo podría convertirse mañana en un lugar completamente caótico sin que ello contraviniese ningún principio lógico o matemático. Por tanto, si no podemos justificar el uso del método inductivo por medio de un argumento deductivo, tal vez podamos recurrir a nuestra experiencia con el método. Al fin y al cabo, el razonamiento inductivo nos ha brindado grandes servicios en el pasado. Nuestra experiencia confirma una y otra vez que el método genera predicciones certeras en la gran mayoría de los casos: el café casi siempre nos reconforta y el sol sale todas las mañanas. Por tanto, parece más que razonable concluir que continuará generando predicciones mayoritariamente correctas en el futuro.

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