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1 de Noviembre de 2012
Historia de la Ciencia

Errores fecundos

La ciencia no avanza solo a base de aciertos. Algunas equivocaciones han ayudado a remodelar por completo una disciplina.

SCIENTIFIC AMERICAN

En síntesis

La historia de la ciencia ha conocido numerosas ideas erróneas que, sin embargo, se demostraron muy fecundas en virtud de la profundidad de sus planteamientos.

Entre las equivocaciones científicas más famosas se cuentan el modelo atómico
de Bohr, la teoría original de la deriva continental o los experimentos de Enrico Fermi que condujeron a la fisión nuclear.

Este artículo analiza dos errores históricos menos conocidos: uno que propició el nacimiento de la teoría cuántica de la información y otro que, a partir de una hipótesis falsa sobre la naturaleza de los virus, acabó demostrando el carácter darwinista de la evolución bacteriana.

Tal vez más que ninguna otra profesión, la ciencia incita a obtener resultados correctos. Por supuesto, los investigadores cometen multitud de equivocaciones a lo largo de su carrera. Pero no todas ellas nacen iguales. A lo largo de la historia, algunas ideas erróneas han demostrado ser mucho más fecundas que miles de otras que, o bien fallaron de manera banal, o bien acertaron, pero por escaso margen. Ha habido errores productivos: aquellos que, por haber hecho mella en alguna propiedad profunda de la naturaleza, atrajeron a más investigadores y acabaron propiciando grandes avances. Fueron ideas equivocadas, sin duda, pero la ciencia se encontraría mucho peor sin ellas.

Niels Bohr concibió un modelo atómico que resultó erróneo en casi todos sus aspectos; sin embargo, inspiró la revolución cuántica. En 1912, y en medio de enormes dosis de escepticismo, Alfred Wegener propuso que las fuerzas centrífugas del planeta provocarían la deriva de los continentes. Aunque no acertó con el mecanismo, el fenómeno resultó ser cierto. En los años treinta del siglo xx, Enrico Fermi pensó que había creado núcleos transuránicos; en realidad, se había topado con la fisión nuclear.

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