Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y facilitarte el uso de la web mediante el análisis de tus preferencias de navegación. También compartimos la información sobre el tráfico por nuestra web a los medios sociales y de publicidad con los que colaboramos. Si continúas navegando, consideramos que aceptas nuestra Política de cookies .

1 de Noviembre de 2012
Neuroingeniería

Mover con la mente

La idea de que los paralíticos controlen sus extremidades con el pensamiento ha dejado de ser una fantasía cinematográfica.

KEMP REMILLARD

En síntesis

Las ondas cerebrales permiten ya controlar cursores de ordenador, brazos robóticos y, pronto, todo un exoesqueleto, merced al cual un parapléjico caminará y tal vez se desenvuelva con soltura.

El envío de señales desde la rugosa corteza cerebral, para iniciar el movimiento en el exoesqueleto, constituye lo más puntero de un conjunto de técnicas bioeléctricas perfeccionadas en los últimos años.

La Copa del Mundo de 2014 en Brasil servirá de banco de pruebas para un exoesqueleto controlado desde el cerebro, si, como se espera, un adolescente discapacitado efectúa el saque de honor en la ceremonia de apertura.

Pudiera ser que, en 2014, miles de millones de espectadores de todo el mundo recuerden el partido inaugural de la Copa del Mundo de Fútbol, en Brasil. Y no solo por los goles que marque la selección brasileña o por las tarjetas rojas mostradas a sus adversarios. En ese día, mi laboratorio de la Universidad Duke, especializado en técnicas de control de miembros robóticos mediante señales eléctricas cerebrales, se propone, en unión de colaboradores europeos y brasileños, establecer un hito en la superación de parálisis.

Si logramos resolver problemas todavía formidables, el saque de honor de la Copa del Mundo podría ser efectuado por un adolescente con parálisis que, arropado por los dos equipos en liza, saltaría al césped portando un traje robótico —un exoesqueleto— confeccionado a la medida de su cuerpo y ceñido a sus piernas. Sus primeros pasos por la cancha serán controlados por señales motoras originadas en su cerebro y, desde allí, enviadas a una mochila computadora, del tamaño de un portátil, que nuestro paciente llevará a la espalda. Esta computadora habrá de traducir las señales eléctricas cerebrales en órdenes digitales para los motores del exoesqueleto, a fin de que este, ante todo, estabilice el peso del portador y, después, coordine los  movimientos de su deambulación por el terreno de juego. Luego, al acercarse al balón, nuestro lanzador habrá de visualizar mentalmente un pie en contacto con la bola. Trescientos milisegundos después, sus señales cerebrales instruirán al pie robótico del exoesqueleto para que enganche por debajo la esfera de cuero y, a la brasileña, la lance a lo alto.

Puedes obtener el artículo en...

¿Tienes acceso?

Los boletines de Investigación y Ciencia

Elige qué contenidos quieres recibir.