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1 de Noviembre de 2012
Evolución

Superhumanidad

Las ansias por superar nuestros límites evolutivos nos diferencian del resto de los animales.

WIKIMEDIA COMMONS_DOMINIO PÚBLICO

En síntesis

Muchos de los desafíos a los que nos enfrentamos en la actualidad se deben a las diferencias entre el ambiente al que se adaptaron nuestros antepasados y el mundo de hoy en día.

Pero esta incongruencia también es consecuencia de una característica singular de los humanos: nuestra propensión a ir más allá de los límites impuestos por la evolución.

La ciencia es uno de los instrumentos del que nos servimos los humanos para ampliar nuestras capacidades mentales y físicas.

Si entablamos una conversación sobre la naturaleza humana con un antropólogo, seguramente nos recordará que el 99 por ciento de nuestra historia transcurrió en las sabanas, donde los humanos formábamos grupos de cazadores y recolectores. Puede tratarse de un cliché repetido por los científicos, pero no deja de ser cierto. De hecho, durante esos millones de años se produjeron algunos de nuestros avances más destacados, como la locomoción bípeda y el desarrollo de un cerebro de gran tamaño. Por descontado, esas innovaciones evolutivas tan útiles tuvieron un precio, como los dolores habituales en la espalda provocados por el bipedismo o los problemas existenciales que conlleva la reflexión sobre uno mismo, favorecida por una corteza cerebral enorme. Como sucede a menudo en la evolución, nada es gratuito.

Para complicar la situación, el mundo que hemos creado —no hace mucho, si tenemos en cuenta nuestra trayectoria— es totalmente distinto al que se habían adaptado nuestro cuerpo y nuestra mente. En vez de tener que ir a cazar la comida, esta viene hacia nosotros gracias al servicio de pizzería a domicilio. E interaccionamos con nuestros seres queridos y cercanos a través de Facebook, en lugar de pasar la mayor parte del día con ellos. Pero aquí acaba la utilidad del cliché de los antropólogos para explicar la condición humana.

El origen de las diferencias entre el entorno en el que evolucionamos y las situaciones a las que nos enfrentamos en la era moderna deriva de otra característica propia de los humanos, quizá la más importante. Nuestra propensión a ir más allá de las limitaciones impuestas por la evolución nos ha llevado a crear instrumentos para ser más rápidos, más listos y vivir más tiempo. La ciencia constituye uno de esos instrumentos que nos aleja de nuestro modo de pensar arcaico —ver para creer— y nos permite hacer frente a los retos de hoy, ya sea una gripe pandémica o el cambio climático. Podríamos afirmar que la última expresión de la singularidad humana nos hace aspirar a ser mejor de lo que somos.

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