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1 de Noviembre de 2012
Conservación

Un hogar en las montañas

Después de años de disputas legales, el Gobierno estadounidense anuncia la designación de un hábitat crítico para el jaguar.

VINCENT J. MUSI, NATIONAL GEOGRAPHIC STOCK

Los jaguares, los terceros felinos de mayor tamaño después de los leones y tigres, y los mayores del continente americano, solían medrar en Estados Unidos. En los siglos XVIII y XIX, podía vérselos en Arizona, Nuevo México, California y Texas. En ocasiones, vagabundeaban hacia el este o hacia el norte, llegando hasta Carolina del Norte o Colorado.

A medida que los humanos han ido usurpando su territorio, el hábitat de estos felinos en peligro de extinción se ha ido desplazando hacia el sur. En la actualidad, se extiende desde la zona norte de Argentina hasta el desierto de Sonora, en México. Sin embargo, los animales llegan a la zona sudoeste de Estados Unidos con la suficiente frecuencia como para que algunos conservacionistas propusieran la designación de un hábitat crítico para los jaguares en el país. Después de años de disputas legales, el Servicio de Pesca y Vida Silvestre (FWS) estadounidense ha atendido por fin la petición. En un plan publicado en agosto, la agencia ha propuesto designar como hábitat crítico una superficie total de casi 3400 kilómetros cuadrados en zonas montañosas de Arizona y Nuevo México.

La cuestión de si los jaguares merecen o no un hábitat crítico refleja un debate más amplio en círculos conservacionistas. ¿Cómo se determinan las prioridades de gasto para las distintas especies que están desapareciendo lentamente del planeta? [véase «¿Qué especies sobrevivirán?», por M. Nijhuis; Investigación y Ciencia, octubre de 2012]. Muchos expertos creen que la mejor forma de ayudar al jaguar consiste en reforzar los recursos en el sur de la frontera, donde los felinos viven y se reproducen. En cambio, Michael Robinson, del Centro de Diversidad Biológica, uno de los grupos que llevó a juicio al FWS para que designase un hábitat crítico, afirma que el objetivo debería ser ayudar a los jaguares a volver a poblar partes de los Estados Unidos en las que se han extinguido. Sobre todo, porque docenas de ellos fueron abatidos de acuerdo con un programa federal de exterminio de depredadores que siguió vigente hasta la década de los sesenta. Robinson insiste en considerar el territorio histórico de una especie, no solo una instantánea puntual en el tiempo.

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