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  • Junio 2014Nº 453
Historia de la ciencia

Historia de la Ciencia

Las ficciones de Einstein

Además de revolucionar los conceptos de espacio y tiempo, Albert Einstein escribió la introducción de un libro de ciencia ficción.

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Einstein era en los años veinte del siglo pasado un escritor avezado y prestigioso, un premio nóbel de física con capacidad de encandilar al gran público. Su libro de divulgación sobre relatividad (Sobre la teoría especial y general de la relatividad, 1917) había sido traducido al inglés, francés, español, italiano, húngaro, ruso, polaco y yiddish. Sus lectores aprendían física a través de historias de rayos que caían sobre vías de tren y de personas que, tras observar lo que ocurría tanto desde el tren como desde fuera de él, tenían que descartar el viejo espacio absoluto de Newton. Einstein era muy consciente del poder de su imagen pública. Se sentía como el rey Midas de los medios de comunicación, capaz de transformar en noticia cuanto hacía: «Me pasa como al personaje del cuento que convertía en oro todo lo que tocaba: todo lo que hago se convierte en titular».

Aun así, en junio de 1923 muchas cosas, además de la física, preocupaban a Einstein. Con la inflación desbocada en Alemania, no ganaba lo suficiente para mantener a su familia y a su primera mujer. Asimismo, su teoría de la relatividad especial era ferozmente atacada por colegas antisemitas y sutilmente cuestionada por uno de los filósofos más importantes de su tiempo, el francés Henri Bergson. Por si fuera poco, ni Albert A. Michelson, que había contribuido con sus experimentos a la contrastación de la teoría, ni Hendrik Lorentz, que había proporcionado las ecuaciones, estaban convencidos del todo.

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