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1 de Junio de 2014
Zoología

Los primeros pasos en la vida de las tortugas

FUENTE: «FIRST SATELLITE TRACKS OF NEONATE SEA TURTLES REDEFINE THE 'LOST YEARS' OCEANIC NICHE», POR KATHERINE L. MANSFIELD ET AL., EN PROCEEDINGS OF THE ROYAL SOCIETY B, VOL. 281, N.o 1781, 22 DE ABRIL DE 2014

Las tortugas bobas recién nacidas aguardan al crepúsculo para salvar el corto trayecto que separa el nido arenoso del mar abierto. Unos diez años después regresan para pasar la adolescencia cerca de las playas donde nacieron. Durante decenios, esos años de juventud han permanecido envueltos en el misterio, por lo que algunos biólogos marinos se refieren a ellos como los «años oscuros».

El seguimiento de las diminutas tortugas ha tropezado con numerosos obstáculos. En su día se intentó colocarles radiotransmisores, pero el abultado volumen limitaba la libertad de movimiento de los quelonios. Con el tiempo, las dimensiones se han ido reduciendo, pero las baterías siguen resultando demasiado voluminosas. Entonces a Kate Mansfield, bióloga marina de la Universidad de Florida Central, se le ocurrió recurrir a la energía solar.

Sabía que otros estudiosos de la fauna estaban siguiendo los desplazamientos de las aves con la ayuda de pequeños paneles fotovoltaicos. Así que su grupo empleó transmisores equipados con un panel del tamaño de una caja de cerillas, con lo que logró reducir el peso del dispositivo hasta una escasa decena de gramos. También se las ingeniaron para sujetar los transmisores sin deformar el caparazón, gracias a una idea de la manicura de un miembro del equipo. Esta sugirió utilizar laca acrílica como capa base para añadir el adhesivo de silicona, que se estira a medida que la tortuga crece.

El grupo de Mansfield instaló radiotransmisores en 17 tortugas de tres a nueve meses de edad (la mayor medía 18 centímetros de largo) antes de liberarlas frente a la costa de Florida en aguas de la corriente del Golfo. Esta forma parte del giro del Atlántico norte, un sistema de corrientes que circula en sentido horario a lo largo de la costa oriental de Estados Unidos. Bryan Wallace, biólogo marino de Stratus Consulting y de la Universidad Duke, que no ha participado en la investigación, asegura que el estudio será recordado probablemente como un artículo fundamental en la biología de las tortugas marinas. Ha sido publicado en el número de abril de Proceedings of the Royal Society B.

«Según la hipótesis tradicional, esperábamos que las tortugas permaneciesen en las corrientes exteriores del giro para encaminarse hacia las Azores», archipiélago situado frente a la costa de Portugal, explica Mansfield. Pero a medida que los meses de seguimiento transcurrían, el itinerario seguido fue otro. Muchas se congregan en el centro del giro, donde se acumulan las algas marinas y en cuyo seno encuentran sustento y refugio.

Las tortugas también viajan más rápido de lo que se suponía, pues alcanzan las aguas de Carolina del Norte en tres semanas. A esa velocidad, llegan sin problemas a las islas Azores en menos de un año. Y aunque en ese plazo un objeto a la deriva también podría recorrer esa distancia, las tortugas se desvían en numerosas ocasiones de la ruta, lo que significa que poseen una velocidad de locomoción impresionante.

Otra observación sorprendente fue que los sensores de temperatura de los transmisores casi siempre señalaban varios grados por encima de la temperatura del agua. Ello indica que los tapices de algas mantienen abrigados a estos animales de sangre fría, una condición importante para el crecimiento.

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