Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y facilitarte el uso de la web mediante el análisis de tus preferencias de navegación. También compartimos la información sobre el tráfico por nuestra web a los medios sociales y de publicidad con los que colaboramos. Si continúas navegando, consideramos que aceptas nuestra Política de cookies .

ANTIGÜEDAD RUPESTRE

En el artículo «El nacimiento de la escritura en Egipto» [por Gwenola Graff; Investigación y Ciencia, marzo de 2014], la autora menciona que las pinturas rupestres más antiguas que se conocen se encuentran en la cueva de Chauvet, en el sudeste de Francia.

Sin embargo, en 2012 se hallaron en la cueva de Nerja (Málaga) restos orgánicos correspondientes a una pintura de focas, a los que se ha dado una antigüedad de 42.000 años. Estas podrían ser las pinturas rupestres más antiguas halladas hasta ahora.

Por otro lado, en junio del mismo año se publicó en la revista Science un estudio en el que, a partir de métodos de datación más precisos que el radiocarbono, un grupo internacional de arqueólogos dató una pintura de un disco rojo hallada en la cueva del Castillo (Cantabria) en 40.800 años; es decir, casi 6.000 años más antigua que las pinturas de la cueva de Chauvet.

Antonio Prieto Rodríguez
Salamanca

 

FABRICADO EN CHINA

En el artículo «China, refugio de las emisiones de España» [por Luis A. López, Guadalupe Arce y Jorge E. Zafrilla; Investigación y Ciencia, abril de 2014], los autores sostienen que el comercio entre China y España «resulta beneficioso para ambos países en términos económicos».

Se trata de una afirmación cuestionable. Al cabo de unos renglones, se explica que las multinacionales «han aprovechado las ventajas de costes de China (salariales y energéticos) para ubicar allí las fases de producción intensivas en mano de obra, como el ensamblaje». Esta acumulación de mano de obra en China lleva a un aumento del paro en países como España, lo que a su vez tiene consecuencias perjudiciales en otros aspectos de nuestra economía.

Los autores reducen el beneficio económico a los factores monetarios, sin tener en cuenta el aspecto humano. En mi opinión, España debería exigir a los países que producen bienes que posteriormente se venden aquí no solo una ficha técnica que garantice la calidad del producto, sino también una «ficha social» que certifique que no se explota a los trabajadores que los manufacturan. Además, así se evitaría la competencia entre los trabajadores españoles y los de aquellos países con una legislación laboral laxa.

Plácido Pérez Bru
Palma de Mallorca

 

Responden los autores: Hoy en día pocos expertos ponen en duda la relación positiva que existe entre el libre comercio y el crecimiento económico. La teoría económica nos enseña que los distintos países pueden aprovecharse de sus «ventajas comparativas» para producir aquello que hacen mejor; por lo que, desde el punto de vista económico, se considera que el comercio internacional no es un juego de suma cero, sino que los agentes que comercian se benefician por ello. Esto se debe al hecho de que tanto empresas como ciudadanos pueden comprar y vender en otros mercados bienes y servicios con distintas características y más baratos.

Detrás de esas ventajas económicas también las hay sociales. Es cierto que el crecimiento no beneficia a todos por igual, pero los estudios existentes en España no muestran la existencia de efectos negativos generalizados. De hecho, desde la entrada de China en la Organización Mundial del Comercio en 2001, las importaciones de China en nuestro país se multiplicaron por 3 hasta antes de la crisis de 2008 y, durante ese tiempo, se crearon en España más de 5 millones de puestos de trabajo. (La crisis, de la que China no es responsable, sí ha supuesto la destrucción de más de 3,5 millones de puestos de trabajo hasta 2014.) Y, en nuestra opinión, en aquellos casos en los que se identificasen efectos negativos vinculados al comercio, lo más adecuado sería articular políticas activas de formación de trabajadores, de fomento del tejido industrial, o ayudas sociales que permitiesen la adaptación al nuevo entorno.

En relación al segundo comentario del lector, es evidente que el crecimiento del comercio no ha venido acompañado de una mejora equivalente en el nivel de vida y en las condiciones laborales de todos los países implicados. Este hecho se hace más patente en los países en desarrollo, donde la creación de empleo se produce principalmente en el denominado «sector informal» de la economía. Según un estudio de la Organización Mundial de Comercio publicado en 2009, de dicho sector proceden los ingresos de alrededor del 60 por ciento de los trabajadores, en él existe una menor seguridad laboral, los ingresos son más bajos y no se facilita el acceso a las prestaciones sociales básicas.

Por tanto, no podemos estar más de acuerdo con la sugerencia de introducir una «ficha social» que acompañe al etiquetado de los productos. Nuestro artículo defiende lo mismo, pero aplicado al impacto ambiental. Este etiquetado tendría más éxito si las empresas lo utilizasen con estrategia de mercado, de modo que permitiese informar a sus consumidores sobre la sostenibilidad ambiental de toda la cadena de producción y que, al mismo tiempo, implicase que los suministradores de los países emergentes mantienen unas condiciones laborales justas.

Por último, nos gustaría agradecer al lector la posibilidad que nos ha brindado su comentario para explicar mejor algunas de las repercusiones de nuestro trabajo.

Puedes obtener el artículo en...

Los boletines de Investigación y Ciencia

Elige qué contenidos quieres recibir.