Músculos artificiales

Se aproxima la comercialización de nuevos dispositivos productores de movimiento -accionadores, motores y generadores- basados en polímeros que modifican su forma ante estímulos eléctricos.
A primera vista, no es más que un juguete de 100 euros este acuario de peces robóticos desarrollado por la compañía Eames en Osaka. Pero encierra un secreto. Los peces de plástico de brillantes colores se autopropulsan a través del agua; a imagen de los reales, los hacen sin mecanismo alguno: sin motores, ni árboles de levas, ni engranajes, ni siquiera baterías. Nadan porque sus órganos de plástico se flexionan hacia atrás y hacia delante, diríase que por decisión propia. Son los primeros productos comerciales basados en una nueva generación de polímeros electroactivos (PEA), es decir, plásticos que se mueven ante estímulos eléctricos.
Durante decenios, los constructores de dispositivos accionadores o generadores de movimiento se han afanado por encontrar un equivalente artificial del músculo. Sin más que cambiar de longitud en respuesta ante una estimulación nerviosa, los músculos ejercen fuerzas dosificadas, capaces de cerrar los párpados o levantar una piedra. Los músculos presentan también invariancia de escala, propiedad que les permite operar con igual eficacia en todas las tallas, razón por la cual se sirven del tejido muscular lo mismo insectos que elefantes. Sería muy útil, pues, disponer de un mecanismo parecido al del músculo para propulsar dispositivos que no admitan fácilmente motores eléctricos, por diminutos que sean.

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