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  • Investigación y Ciencia
  • Marzo 2010Nº 402

Medicina

Enfermedades tropicales olvidadas

Los pueblos pobres sufren enfermedades crónicas que les impiden salir de la penuria. Una iniciativa global se propone romper ese círculo vicioso.

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Al norte de Burkina Faso, no lejos de uno de los destinos más conocidos por los mochileros en África occidental, los escarpados parajes de Bandiagara en Mali, se halla la ciudad de Koumbri. Hace cinco años, el Ministerio de Sanidad de Burkina Faso inició allí, y en otros lugares, una campaña general contra los gusanos parásitos. Aboubacar, uno de los beneficiarios de la campaña, entonces un niño de ocho años, explicó al personal sanitario que se encontraba constantemente cansado, enfermo y que había orinado sangre. Bastaron unos pocos comprimidos para curarlo; volvió a jugar al fútbol, se centró en sus tareas escolares y mejoró sus notas.

El programa de Burkina Faso, que trató a más de dos millones de niños, fue un éxito. Al propio tiempo, puso de relieve la tragedia de la enfermedad en el tercer mundo. Por falta de tratamientos muy simples, cada día mil millones de personas en el mundo se levantan enfermas, lo que disminuye su rendimiento escolar y laboral.

La mayoría de los habitantes de los países ricos creen que las enfermedades tropicales se reducen a tres principales: sida (VIH), tuberculosis y malaria. Sobre ellas se concentra la ayuda económica. Sin embargo, existe un grupo de trastornos, las enfermedades tropicales olvidadas (ETO), que tienen unas repercusiones incluso mayores que las mencionadas. Quizá no causan la muerte, pero sí un debilitamiento general debido a una anemia grave, malnutrición, retraso del desarrollo intelectual y cognitivo, y ceguera. Dan lugar a deformidades penosas de las extremidades, los genitales y la piel, aumentan el riesgo de contagio por el VIH y de sufrir complicaciones durante el embarazo. Además de ser consecuencia de la pobreza, contribuyen a perpetuarla. Los niños no pueden desarrollar plenamente su potencial, ni los trabajadores adultos desplegar su plena capacidad productiva.

Las enfermedades olvidadas no se limitan a los países subdesarrollados. Millones de estadounidenses que viven en la pobreza sufren también infecciones semejantes a las ETO. Enfermedades parasitarias como la cisticercosis, la enfermedad de Chagas, la tricomoniasis y la toxocariasis son frecuentes en nuestras ciudades del interior, en Louisiana tras el paso del Katrina, en otras partes del delta del Mississippi, en la región fronteriza con México y en los Apalaches.

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