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Superconductores allende el 1-2-3

El óxido de itrio1-bario2-cobre3 es sólo uno de los muchos superconductores recientes de alta temperatura. Todos contienen planos formados por átomos de cobre y oxígeno, que constituyen "autopistas" perfectas para los electrones.

Hace más de diez años, Bernard Raveau y sus colaboradores de la Universidad de Caen, en Francia, comenzaron a sintetizar una serie de compuestos formados por lantano, bario, cobre y oxígeno. Si alguno de esos materiales cerámicos se hubiera enfriado a temperaturas cercanas a 40 grados kelvin, se habría descubierto que no ofrecían resistencia al paso de la corriente eléctrica. Sin embargo, pocos físicos, químicos o investigadores expertos en materiales tenían razones para sospechar que fueran superconductores, y menos aún rondaría por su cabeza la posibilidad de que se consiguieran nunca superconductores con temperaturas de transición tan altas. Las cerámicas permanecieron en una relativa oscuridad durante varios años. En 1986, los físicos K. Alex Müller y J. Georg Bednorz, del Laboratorio de Investigación de IBM en Zúrich, se dieron cuenta de que estas cerámicas eran la clave para el desarrollo de una nueva clase de superconductores de alta temperatura que revitalizaría la investigación y la tecnología de la superconductividad. Su descubrimiento originó una de las revoluciones más asombrosas en la física del estado sólido.

Espoleados por la posibilidad de encontrar el superconductor de alta temperatura definitivo, casi todo el mundo que en 1987 disponía de una tabla periódica de los elementos y un horno empezó a elaborar febrilmente compuestos exóticos que contuvieran cobre y oxígeno. La naturaleza, sin embargo, es muy caprichosa a la hora de decidir qué óxidos de cobre se pueden formar. Aunque la teoría de la química del estado sólido es una guía en la elección de elementos que puedan combinarse para sintetizar nuevos compuestos, los materiales son tan complejos que ninguna teoría puede predecir con garantía la estructura o el comportamiento de los nuevos materiales. El truco consiste en emplear juntas la química, la intuición y la suerte para encontrar la combinación adecuada de elementos que eleven todavía más la temperatura de transición.

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