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1 de Abril de 2015
Física

Minería de agujeros negros

¿Es posible extraer energía de las proximidades de un agujero negro? Según un resultado reciente, el dispositivo necesario violaría las leyes de la física.

Los ascensores espaciales tal vez permitan en un futuro transportar cargas al espacio desde la Tierra. ¿Sería posible construir uno cerca de un agujero nergro? [KENN BROWN, MONDOLITHIC STUDIOS].

En síntesis

Los agujeros negros poseen una «atmósfera térmica» en las inmediaciones del horizonte de sucesos. Dicha envoltura se compone de partículas de Hawking que, debido al intenso campo gravitatorio, nunca lograrán escapar hasta el infinito.

En el pasado, varios investigadores han propuesto que esa energía podría extraerse con el dispositivo adecuado. En principio, bastaría con descolgar una caja amarrada a un cable hasta las proximidades del horizonte y llenarla de radiación.

En un trabajo reciente, el autor ha demostrado que un cable capaz de resistir la gravedad sin romperse violaría las leyes de la física. Las cuerdas cuánticas parecen encontrarse justo en el límite, pero no podrían levantar ningún peso.

Tarde o temprano el Sol se apagará. Su combustible nuclear se agotará y, en caso de que la Tierra sobreviva, la humanidad se sumirá en un perpetuo invierno. En una situación así, nuestros descendientes se verían obligados a buscar otras alternativas energéticas. Primero consumirían los recursos del planeta, después los del sistema solar y, por último, los de todas las estrellas del universo observable. Cuando ya no quedase nada que quemar, seguramente fijarían su mirada en el único depósito de energía disponible: los agujeros negros. ¿Podrían aprovechar su energía?

Parece que no. Las razones por las que algo así resultaría inviable obedecen a las propiedades de las cuerdas cuánticas y a las características de un clásico de la ciencia ficción: el ascensor espacial.

FALSAS ESPERANZAS
A primera vista, extraer energía —o, de hecho, cualquier otra cosa— de un agujero negro parece imposible. Estos objetos se encuentran rodeados por un «horizonte de sucesos», una divisoria más allá de la cual nada puede escapar. Una bola de demolición que intentase derruir un agujero negro para liberar su energía sería aniquilada, tragada para siempre junto con su desafortunado operario. Arrojar una bomba al astro no haría más que incrementar ligeramente su tamaño, en una cantidad proporcional a la masa del artefacto. Nada que entre en un agujero negro, ya sea un asteroide o un cohete, vuelve a salir jamás. Ni siquiera la luz puede huir de su interior.

O eso creíamos. Sin embargo, en 1974, en el que a mi juicio constituye el artículo de física más exquisito e impactante de todos los tiempos, Stephen Hawking demostró que estábamos equivocados. A partir de algunas ideas propuestas con anterioridad por Jacob Bekenstein, hoy en la Universidad Hebrea de Jerusalén, Hawking demostró que, en realidad, los agujeros negros dejan escapar una pequeña cantidad de radiación. Por supuesto, siguen destruyendo todo lo que cae en ellos. Pero aunque los objetos no salgan de una pieza, su energía sí acaba filtrándose al exterior. Ello parece abrir la puerta a la posibilidad de explotar su energía.

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