Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y facilitarte el uso de la web mediante el análisis de tus preferencias de navegación. También compartimos la información sobre el tráfico por nuestra web a los medios sociales y de publicidad con los que colaboramos. Si continúas navegando, consideramos que aceptas nuestra Política de cookies .

1 de Julio de 2016
Reseña

ADN recombinante

Emergencia de la biotecnología.

THE RECOMBINANT UNIVERSITY
GENETIC ENGINEERING AND THE EMERGENCE OF STANFORD BIOTECHNOLOGY
Doogab Yi
The University of Chicago Press, 2015

El advenimiento de la técnica del ADN recombinante en los años setenta marca el hito inicial de la historia de la biotecnología y de la comercialización de la investigación académica. Una técnica y una comercialización que tuvieron su centro de arranque en la comunidad científica del área de la bahía de San Francisco. El patronazgo de la investigación, las fuerzas del mercado y los progresos legales desde finales de los años sesenta hasta comienzos de los ochenta influyeron en la evolución de la técnica y reconfiguraron las coordenadas morales y científicas de la investigación en biomedicina. ¿Qué aconteció en esos años?

Cuando se habla del ADN recombinante y de la ingeniería genética, se alude, por lo común, a la técnica de clonación de Stanley Cohen, del departamento de genética de la Universidad Stanford, y Herbert Boyer, de la Universidad de San Francisco, y su patente de comercialización. Sin embargo, los procedimientos experimentales fueron iniciados en el departamento de bioquímica de Stanford. En un entorno de intensa competitividad, la Universidad Harvard abrió las puertas a James Watson en 1956. Hacia finales de los cincuenta, el Instituto de Tecnología de Massachusetts hizo lo propio con Salvador E. Luria. En el Instituto de Tecnología de California, la biología molecular estaba liderada por Max Delbrück. En 1957, Arthur Kornberg aceptó la creación y dirección del departamento de bioquímica de Stanford. Para levantarlo se llevó consigo a Robert Lehman, Paul Berg, Melvin Cohn, A. Dale Kaiser, David Hogness y Robert Baldwin. El núcleo del grupo de investigación de Kornberg sobresalió en el metabolismo químico de los coenzimas y ácidos nucleicos. Despuntaron en aspectos moleculares clave del gen (replicación del ADN y síntesis de proteínas).

Kornberg, que recibió el premio Nobel en 1959 por su investigación sobre la síntesis de ADN, había trabajado con Severo Ochoa en la Universidad de Nueva York y con Carl y Gerty Cori en la de Washington. Se entregó al estudio de las enzimas, que consideraba la fuerza motriz de la biología. Se empeñó en la búsqueda de una enzima que sintetizara la cadena polinucleotídica de ADN. En 1957, su artículo sobre la síntesis de ADN a partir de sus precursores por la ADN polimerasa fue rechazado por The Journal of Biological Chemistry. En la primavera del año siguiente, un nuevo editor reparó en ese trabajo y lo publicó. En la enzimología de la replicación del ADN seguiría trabajando los siguientes treinta años.

En la distribución del trabajo, Kornberg y Lehman se ocuparon de la síntesis bioquímica y replicación del ADN mediante la polimerasa; a Berg, Hogness y Kaiser les correspondió la regulación genética de células bacterianas y virus para sondear la función genética y bioquímica del ADN. Y, no menos importante, el departamento estableció su propio código moral académico, con particular atención a la producción, intercambio y propiedad del conocimiento y materiales de investigación. Había trasiego constante de resultados, de becarios y doctorandos, de métodos y herramientas (centrífugas o microscopio electrónico). Quienes trabajaban, por ejemplo, en regulación génica bacteriana, el grupo de Kaiser, recibían enzimas críticas para manipular e investigar la actividad biológica del ADN, de los laboratorios de Kornberg y Lehman, y acceder a sus técnicas enzimáticas. Ese sistema compartido les permitía alcanzar economías de escala. Además, facilitaba el diálogo y el debate sobre observaciones y datos de interés. El secreto y la apropiación excluyente se consideraban inmorales.

A finales de los sesenta, Berg y Hogness exploraron nuevas direcciones en la biología de los organismos superiores. Berg adoptó el sistema experimental de virus tumorales animales para explorar la expresión y regulación génica en células de mamífero; ello propició el advenimiento de la técnica del ADN recombinante como herramienta de trabajo para la cartografía génica. La posibilidad de crear, mediante ese método, organismos transgénicos significó el comienzo de un cambio epistemológico en la investigación biomédica. En el otoño de 1970, el laboratorio de Berg se encontraba en la avanzadilla de la técnica del ADN recombinante. David Jackson y Robert Symons lograban allí, un año más tarde, la síntesis in vitro de moléculas de ADN recombinante mediante combinación de dos genes foráneos.

En ese clima de efervescencia de nuevas ideas se iban acometiendo hibridaciones experimentales que ahondaban en la transformación bacteriana y en la clonación génica. Contemporáneamente, Stanley Cohen y Herbert Boyer demostraban experimentalmente la clonación molecular del ADN recombinante a través de una serie de experimentos, en alguno de los cuales intervino John Morrow, del laboratorio de Berg. La relación de Cohen con los bioquímicos llegaba hasta el uso compartido de sus instrumentos, una interacción crítica para convertir a los plásmidos en herramientas de trabajo.

En su empeño por introducir un plásmido circular en bacterias, Cohen acudía a menudo a Peter Lobban. En un principio, solo los bioquímicos de Stanford poseían los recursos técnicos y enzimáticos para sintetizar moléculas de ADN recombinante. Por eso, la solicitud de patente sobre el ADN recombinante por Cohen y Boyer, aquí expuesta con minucioso detalle, desató una controversia durísima sobre la prioridad y propiedad de los avances científicos en asuntos biológicos, controversia que todavía persiste. El imperativo ético sería uno de los sellos distintivos del departamento de bioquímica. En julio de 1974 firmaron, con otros, una carta en la que solicitaban una moratoria en la investigación sobre ADN recombinante para conjurar el miedo de la sociedad a la creación de plagas, la alteración de la evolución humana o la degradación del entorno [véase «Debate sobre el ADN recombinante», por Clifford Grobstein; Investigación y Ciencia, septiembre de 1977].

Artículos relacionados

Puedes obtener el artículo en...

Los boletines de Investigación y Ciencia

Elige qué contenidos quieres recibir.