Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y facilitarte el uso de la web mediante el análisis de tus preferencias de navegación. También compartimos la información sobre el tráfico por nuestra web a los medios sociales y de publicidad con los que colaboramos. Si continúas navegando, consideramos que aceptas nuestra Política de cookies .

1 de Julio de 2016
Observación espacial

Cómo ver otra Tierra

Una gran «sombrilla estelar» podría captar imágenes de mundos potencialmente habitables muchos años antes de lo previsto.

Esta imagen muestra la puesta en funcionamiento de una sombrilla estelar junto a un futuro telescopio espacial. Al principio estaría plegada para su lanzamiento al espacio. Llegado el momento, se desprendería y se desplegaría, para luego alejarse a decenas de miles de kilómetros del telescopio. [NASA/JPL-CALTECH]

¿Podrá el próximo telescopio espacial de la NASA tomar imágenes de planetas semejantes a la Tierra? Hace tiempo que los astrónomos sueñan con ello, ya que así podrían buscar señales de habitabilidad y de vida en mundos más allá del sistema solar. Hasta ahora, sin embargo, siempre ha parecido que la tecnología necesaria para materializar ese sueño tardaría décadas en llegar. Puede que eso cambie dentro de poco: cada vez más expertos creen que el futuro Telescopio de Rastreos Infrarrojos de Campo Amplio (WFIRST) logrará captar imágenes de otras «tierras» mucho antes de lo previsto. La NASA comenzó a trabajar formalmente en el observatorio en febrero de este año y tiene pensado lanzarlo en 2025.

El WFIRST dispondrá de un espejo de 2,4 metros de diámetro con el que, una vez en órbita, los expertos esperan obtener hermosas panorámicas del cielo y esclarecer la naturaleza de la energía oscura, el misterioso agente responsable de la expansión acelerada del cosmos. No obstante, hay otro asunto que ya ha comenzado a influir en la misión: la pregunta existencial de si estamos solos en el universo.

Hasta ahora se han descubierto más de 3000 planetas alrededor de otras estrellas, y durante los próximos diez años los expertos esperan encontrar decenas de miles más. Un razonamiento estadístico simplificado apunta a que, de media, todas las estrellas estarían acompañadas por al menos un planeta, y que quizás una de cada cinco estrellas similares al Sol tenga un orbe rocoso en su «zona habitable», la región no demasiado fría ni demasiado caliente donde podría existir agua líquida. La mejor forma de averiguar si esos mundos se parecen a la Tierra es verlos. Sin embargo, obtener imágenes de un planeta que está a años luz de distancia no es precisamente sencillo: un mundo lejano se ve como un tenue punto perdido entre la cegadora luz de su estrella anfitriona, mucho mayor y 10.000 millones de veces más brillante.

Otro obstáculo que impide tomar imágenes de planetas lejanos desde los observatorios terrestres es la turbulenta atmósfera de la Tierra, la cual emborrona la luz de las estrellas. La mayoría de los expertos coinciden en que la solución pasará por los observatorios espaciales. Pero tanto el Hubble como su enorme sucesor, el telescopio espacial James Webb, cuyo lanzamiento está previsto para 2018, están muy lejos de alcanzar el altísimo contraste necesario. El WFIRST, en cambio, contará con un avanzado coronógrafo para la toma de imágenes planetarias, un instrumento que filtrará la luz estelar gracias a una compleja serie de máscaras, espejos y lentes. Con todo, este aparato fue un añadido tardío al WFIRST. El telescopio no está optimizado para un coronógrafo, por lo que la mayoría de los expertos creen que no alcanzará el contraste necesario para captar imágenes de otros mundos. Conseguirlas se antoja tan difícil que los planes provisionales de la NASA llaman a posponer dicho objetivo veinte años o más, un margen de tiempo que permitiría desarrollar la tecnología necesaria y lograr un respiro presupuestario para abordar la construcción de un telescopio espacial completamente nuevo tras el WFIRST.

No obstante, el atajo podría provenir de una técnica conocida como «sombrilla estelar»: una pantalla con forma de girasol, no más gruesa que una hoja de papel y tan grande como un campo de fútbol, la cual se desplegaría a decenas de miles de kilómetros del WFIRST y bloquearía la luz de la estrella que aloja el planeta objeto de estudio; algo parecido a tapar el Sol con un pulgar extendido cuando miramos al cielo. Las sombrillas estelares funcionan con casi cualquier telescopio, y una que acompañase al WFIRST arrojaría una sombra más espesa y dejaría ver planetas más tenues y cercanos a su estrella que un coronógrafo. Con una sombrilla, el telescopio podría tomar imágenes de unos 40 planetas, algunos de los cuales tendrían tamaños y órbitas similares a los de la Tierra. «Si y solo si el WFIRST tiene una sombrilla estelar, podrá ofrecernos imágenes de verdaderas tierras azules a finales de la próxima década, en lugar de tener que esperar otros veinte años más», señala Jeremy Kasdin, catedrático de la Universidad de Princeton y científico jefe del coronógrafo del WFIRST. «Tenemos una oportunidad real de encontrar otra Tierra más pronto y con menos dinero, antes de hacer una inversión enorme en el siguiente telescopio espacial.»

Aunque faltan casi diez años para el lanzamiento del WFIRST, la decisión de poner en marcha los preparativos para una sombrilla estelar deberá tomarse pronto, ya que en tal caso serían necesarias algunas modificaciones para que el telescopio pueda sincronizarse con la sombrilla a través de decenas de miles de kilómetros en el espacio.

Como tal, aún no existe una misión oficial para la sombrilla. Paul Hertz, director de la división de astrofísica de la NASA, explica que, por el momento, la agencia opera en modo de «no descartar la sombrilla estelar». Pero no descartarla se está pareciendo bastante a un esfuerzo concertado para construirla: cuando la NASA anunció el comienzo formal del WFIRST, también confirmó que sería puesto en órbita a 1,5 millones de kilómetros de la Tierra, una zona lo bastante tranquila para permitir el funcionamiento de una sombrilla. Además, la agencia creó hace poco un grupo de trabajo para evaluar la viabilidad de una sombrilla, a la que ha designado oficialmente como «actividad de desarrollo tecnológico». Tales pasos podrían acelerar las cosas.

Tanto es así que, en los sótanos del vasto Laboratorio de Química Frick de Princeton, Kasdin trabaja ya en un tubo de un metro de ancho y 75 de largo con una cámara en un extremo, un láser en el otro y una sombrilla estelar a escala en el medio. Para finales del verano, augura, este banco de pruebas exhibirá una relación de contraste que, a la verdadera escala de la sombrilla, permitirá captar imágenes de planetas parecidos a la Tierra. Mientras, la compañía aerospacial Northrop Grumman ha ensayado sombrillas estelares en miniatura en el lecho seco de un lago de Nevada y en un telescopio solar gigante de Arizona. Y en el Laboratorio de Propulsión a Chorro, de la NASA, se están efectuando demostraciones sobre cómo fabricar los delicados pétalos de la sombrilla, plegar toda la estructura para que quepa en un cohete, separarla y desplegarla.

Sin embargo, no todos los obstáculos son técnicos. Una sombrilla para el WFIRST costaría fácilmente unos 1000 millones de dólares: demasiado dinero para cargarlo al presupuesto del telescopio, por lo que habría que proponerla y aprobarla como un proyecto independiente. Se trata de un obstáculo considerable para una tecnología aún en ciernes. No obstante, los réditos serían históricos: la primera imagen de una Tierra alienígena es algo que solo sucede una vez. ¿Debería intentar hacerse tan deprisa como sea posible, o es mejor esperar varias décadas? La NASA y la comunidad astronómica tendrán que decidirse pronto.

Artículos relacionados

Puedes obtener el artículo en...

Los boletines de Investigación y Ciencia

Elige qué contenidos quieres recibir.