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Gigantes alados del pasado

Hace millones de años, los pelargonítidos, unas enormes aves marinas, surcaban los cielos. El hallazgo de una nueva especie ha contribuido a aclarar cómo lograban alzar el vuelo.

JAMES GURNEY

En síntesis

Los paleontólogos saben desde hace tiempo que unas aves singulares denominadas pelagornítidos dominaron una vez el cielo.

Algunos alcanzaron dimensiones mucho mayores que las de las aves voladoras de hoy en día.

El reciente descubrimiento de otra nueva especie del grupo, la mayor ave voladora conocida, ha ayudado a averiguar cómo volaban y por qué adquirieron tamañas dimensiones.

En puertos pintorescos como el de Charleston, en Carolina del Sur, hoy podemos contemplar una amplia diversidad de aves marinas, como pelícanos y cormoranes en busca de alimento en el estuario, gaviotas y garzas atareadas en los nidos de las islas cercanas o pájaros migratorios en ruta hacia latitudes más cálidas donde pasar el invierno. En cambio, hace 25 millones de años los dragones dominaban los cielos de Carolina. Por supuesto, no eran los monstruos de la mitología medieval, sino lo más parecido que ha engendrado la evolución, temibles por derecho propio: aves gigantescas, de mayor envergadura que algunos aviones ligeros, armadas con picos aguzados como lanzas.

Ironía del destino, los primeros indicios sobre estas terroríficas criaturas provienen de fósiles hallados en el aeropuerto internacional de Charleston. En 1983, un equipo dirigido por el paleontólogo Al Sanders, entonces en el museo de la ciudad, desenterró los restos y los reconoció como pertenecientes a un ave de gran tamaño. Pero los fósiles recuperados eran muchos y los huesos acabaron en un almacén. Hubieron de transcurrir tres décadas antes de que uno de nosotros (Ksepka) los estudiara y descubriera la trascendencia de estos restos olvidados. Sanders y sus colaboradores habían hallado los vestigios de la mayor ave voladora de todos los tiempos, una especie desconocida perteneciente al enigmático grupo de los pelagornítidos. Ksepka la bautizó Pelagornis sandersi, en honor a su descubridor.

Hace más de siglo y medio que los paleontólogos saben que el grupo de los pelagornítidos surcó los cielos en el pasado remoto. Pero solo contaban con un puñado de especímenes fragmentarios y poco se sabía sobre cómo volaban, sus costumbres o el origen de su enorme talla. Análisis recientes del mayor de todos, P. sandersi, sumados a los estudios de otras aves colosales realizados por uno de nosotros (Habib), han venido a llenar esa laguna y nos han permitido esbozar una imagen más completa de estas rarezas zoológicas. Los últimos datos indican que adquirieron su protagonismo después del impacto del asteroide que acabó con los dinosaurios y con sus parientes voladores, los pterosaurios. Los pelagornítidos bien pudieron adquirir semejante tamaño como adaptación a la búsqueda de alimento en el mar abierto. Sea cual fuere la causa de su gigantismo, alcanzaron envergaduras que superan el límite de lo que algunos creían posible en un ave voladora.

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