Hace 50, 100 y 150 años

Recopilación de noticias publicadas en Scientific American.
Por Daniel C. Schlenoff

1916: El zepelín, grande y frágil, a salvo de las inclemencias bajo su cavernoso hangar. [SCIENTIFIC AMERICAN, VOL. CXV, N.o 3, 15 de julio de 1916]

Julio 1966
Alunizaje suave
«A unos mil kilómetros del lugar donde la nave espacial rusa Luna 6 hizo su primer alunizaje controlado en febrero, el vehículo estadounidense Surveyor I tomó tierra en el mar de las Tormentas y empezó a enviar miles de imágenes. Estas muestran un área con el aspecto de un "campo recién volteado" con piedras y guijarros que asoman sobre una fina capa de polvo. Los cojines de aterrizaje de la nave imprimieron unas huellas de dos o tres centímetros de hondo y proyectaron unos minúsculos "rayos" parecidos a los que podría haber producido un pequeño meteorito. Todas las pruebas indican que la superficie puede soportar sin dificultades el peso tanto de astronautas como de naves espaciales.»

Economía alimentaria
«La pequeña granja avícola no puede competir con la eficiencia del moderno rancho mecanizado. Hoy la avicultura requiere grandes inversiones, una gran especialización técnica, perspicacia empresarial y menos mano de obra. El papel de la carne de ave en la dieta estadounidense representa un cambio no menos acusado que el de la posición de la industria avícola dentro de la agricultura. El pavo o el pollo fueron en tiempos unos bocados especialmente reservados para domingos y festivos; hoy son alimentos básicos cotidianos. La carne de ave compite ahora en precio con la carne roja y el pescado y se ofrece bajo novedosas y apetecibles formas. La tradicional y noble gallina, que solía necesitar varias horas de cocción para hacerse comestible, ha sido relegada a las latas de comida canina y sustituida en el mercado por el ave frita o asada y el pollo precocinado.»

 

Julio 1916
El amarre de los zepelines
«Para sujetar un zepelín de gran tamaño durante la entrada a su hangar, inamovible frente a un viento cuya velocidad excede tan largamente a la de las corrientes marinas, se requieren casi tantos hombres como los necesarios para sujetar un vapor contra la marea. Como ya no hay galeotes disponibles y hoy es tanto el precio del trabajo manual, se necesita un procedimiento de amarre de los zepelines más acorde con el espíritu de la época actual. Ello se consigue con un tendido de raíles a cada lado que se adentran en el hangar, con unas abrazaderas con ruedas que se deslizan por ellos suavemente y que se amarran a los costados de la nave mediante cabos (véase la ilustración).»

Lubricando el tiempo
«En estos nuestros apresurados tiempos, en que hasta los segundos cuentan en el mundo de los negocios, puede que suene paradójico decir que debemos nuestra puntualidad y ahorro de tiempo a la juguetona marsopa. Pero así es ciertamente, pues los relojes, cualquiera que sea su clase, e incluso los más dignos cronómetros, no funcionarían regularmente un mes tras otro si no fuera por el lubricante obtenido de la quijada del animal. Se trata de un aceite con la singular propiedad de conservar la fluidez en todas las estaciones. Un aceite de reloj no debe oxidarse, ni evaporarse, ni enranciarse. Tan rigurosas condiciones solo las cumple en su totalidad el aceite de quijada de marsopa, y no es de extrañar que ya refinado se venda al por mayor en torno a los 7 dólares el litro.»

 

Julio 1866
Pensando en el helicóptero
«Recientemente, el señor H. F. Wenham leyó ante la Sociedad Aeronáutica de Gran Bretaña una ponencia titulada "Algunas observaciones acerca de la locomoción aérea y las leyes por las cuales se sustentan los cuerpos pesados propulsados a través del aire". Se citan en la ponencia varios experimentos, los cuales muestran que hacen falta entre 6,6 y 8,8 caballos de potencia por cada 100 kilogramos que se eleven en la atmósfera mediante una hélice que rote con su eje vertical, y el autor concluye de estos experimentos que toda máquina construida según ese principio, para elevar o transportar cuerpos pesados, está condenada al fracaso, pues no disponemos de una fuente motriz continua suficientemente ligera ni siquiera para sustentar su propio peso.»

Los rigores de julio
«Es probable, si no cierto, que nunca en la historia de este país se dio un verano de calor tan riguroso como este que hemos padecido. En la clase de geografía de la escuela se nos decía que el clima de las zonas templadas se compone de "extremos de calor y frío". Ello es literalmente verdad. No es exagerado afirmar que aquí [en Nueva York] las temperaturas de los termómetros durante la primera quincena de julio se parecen mucho a las del ecuador. La vida se ha reducido al simple esfuerzo de atenerse al habitual consejo de "no se acalore".»

Puedes obtener el artículo en...

Los boletines de Investigación y Ciencia

Elige qué contenidos quieres recibir.

Responsable: Prensa Científica, S.A. Finalidad: enviarle por correo electrónico los boletines que haya solicitado recibir. Derechos: tiene derecho a acceder, rectificar y suprimir sus datos, así como a otros derechos, como se explica en la información adicional y detallada que puede consultar en nuestra Política de Privacidad.