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¿Saben los animales de dónde vienen?

A pesar de las apariencias, ni siquiera nuestros parientes simios más cercanos parecen disponer de las facultades cognitivas necesarias para vincular sexo y reproducción.

El pequeño Bokito en brazos de su madre, la gorila Aya, en el zoológico holandés de Róterdam. [VALERIE KUYPERS, GETTY IMAGES]

En síntesis

Los animales se comportan a menudo como si supieran el modo en que vienen los hijos al mundo.

Si bien ese aspecto nunca ha sido estudiado directamente, las observaciones sobre cómo razonan, se comunican y planifican denotan la carencia de las aptitudes cognitivas necesarias para entender que el sexo engendra la descendencia.

Si nuestros parientes los grandes simios supieran quién es la cigüeña probablemente se comportarían de un modo más similar a nosotros.

Nota de los editores: la célebre gorila Koko (1971-2018) murió el 19 de junio de 2018 a los 46 años de edad en su refugio de las montañas de Santa Cruz, California.

Tal vez haya oído hablar de Koko: una gorila corpulenta pero afable, que domina el lenguaje de los signos gestuales. Tiene 44 años y vive en California. Le gustan los gatitos. Hasta sabe de dónde vienen los bebés y participa en la planificación de su propia maternidad, o, al menos, eso es lo que un difundido vídeo de YouTube invita a creer.

En él, su cuidadora, Francine Patterson, le muestra a la gorila, demasiado mayor para concebir, un cuaderno que esboza cuatro soluciones que le permitirían ser madre. Patterson le cuenta que un grupo de gorilas (un macho y dos hembras adultos con una cría) podrían venir a vivir con ella y su compañero, Ndume. Otra opción sería que un recién nacido y una o dos crías más mayores se le unieran; en un tercer caso, solo recibiría un bebé. La cuarta opción, le explica, es traer a dos hembras para que conciban bebés con Ndume para Koko. La cuidadora entrega la lista a la gorila, que deja de rascarse el pecho y parece rumiar su decisión. Con el índice derecho acaba por señalar la última opción del cuaderno. «Es una gran idea: eso hará feliz a Koko y también a Ndume», le dice la cuidadora.

Así que ahí lo tenemos: Koko ha de saber cómo nacen los bebés. ¿Por qué, si no, habría elegido a los adultos que los engendran y no al propio bebé?

Mucha gente da por supuesto que los animales saben todo lo que es preciso sobre la concepción. En la especie de Koko, los machos maduros guardan celosamente sus harenes de hembras frente a otros rivales. Y los retadores victoriosos suelen matar la prole del vencido antes de afanarse en concebir la suya. Además, evitan el incesto y la endogamia haciendo que los individuos abandonen la familia para fundar la suya cuando alcanzan la madurez sexual.

El gorila no ostenta en absoluto el monopolio de las conductas de estrategia sexual y parental. Las gallinas expulsan el esperma que no desean antes de que logre fecundar sus huevos. Los papiones intervienen en las riñas de sus hijos cuando se hallan en apuros e interceden ante los demás. Algunas hembras gimen cuando copulan con los machos dominantes, pero no con los subalternos, en un ardid para dar a conocer su atractivo a otros consortes influyentes. Dondequiera que uno mire, verá animales que se comportan como si supieran perfectamente cuál es el fruto del sexo, qué relación guarda con las parejas potenciales y con la prole, y lo primordial que es para perpetuar su linaje. Nos encanta narrar los encuentros amorosos y la paternidad de los animales con un lenguaje que implica un común denominador con nosotros. Pero ¿saben de veras que la cópula es el origen de la concepción? ¿Lo sabe Koko?

MENTE ANIMAL
No existe bibliografía acerca de si los animales entienden la reproducción, así de tajante. Lo mejor con que contamos para conocer lo que saben sobre «la realidad de las cosas» procede de los trabajos del primatólogo Daniel Povinelli, de la Universidad de Luisiana en Lafayette (los primates son los más afines desde el punto de vista intelectual), quien sondeó sobre su aptitud en campos como la física y otros que implican una relación de causa y efecto. En sus libros Folk physics for apes («Física elemental para monos») y World without weight («Un mundo sin peso»), Povinelli describe décadas de trabajo experimental destinado a indagar lo que los simios saben sobre la gravedad.

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