ENERGÍA OSCURA
En «El Sondeo de la Energía Oscura» [Investigación y Ciencia, enero de 2016], Joshua Frieman da cuenta de los intentos para confirmar si la expansión acelerada del universo se debe o no a la energía oscura. ¿Es posible poner a prueba la hipótesis de que el universo conocido sea, en realidad, parte de un universo mayor y más masivo, el cual sería responsable de la expansión acelerada?

Jack W. Hakala

 

Frieman señala que interpretar la energía oscura en términos de las contribuciones cuánticas a la energía del vacío adolece de un problema: tales contribuciones no están determinadas, ya que su cálculo arroja un valor 10120 veces mayor del que parece observarse experimentalmente. Sin embargo, este embarazoso resultado no invalida el hecho de que, sea como sea, dichas contribuciones probablemente seguirán sin poder despreciarse.

David Reid
Haifa, Israel

 

RESPONDE FRIEMAN: Con relación al comentario de Hakala, la idea de un multiverso sigue fascinando a los teóricos. Una propuesta para explicar el ínfimo valor de la constante cosmológica (por qué no es 120 órdenes de magnitud mayor de lo que medimos) postula que esta cantidad tomaría valores distintos en diferentes regiones del multiverso. En la mayoría de ellas sería demasiado grande para permitir la existencia de vida. Solo allí donde la constante cosmológica tomase un valor pequeño, como el que observamos, podría un universo de 14.000 millones de años estar lleno de galaxias y contener vida. Si este «principio de selección antrópica» podrá ponerse a prueba algún día constituye aún una pregunta abierta.

Reid hace una buena observación. Sea lo que sea la energía oscura, lo más probable es que aún debamos enfrentarnos a la tarea de entender por qué la energía del vacío es tan pequeña. Por ahora, ignoramos si las mediciones efectuadas por el Sondeo de la Energía Oscura ayudarán a aclarar este problema.

 

MUTACIONES Y OBESIDAD
En «El gen de la obesidad» [Investigación y Ciencia, febrero de 2016], Richard J. Johnson y Peter Andrews señalan que los antiguos simios lograron adaptarse a las hambrunas estacionales gracias a la acumulación de grasa. Según los autores, lo que activó aquel «interruptor de la grasa» fue el azúcar de la fruta (fructosa) obtenido a través de la ingesta de grandes cantidades de fruta.

Al final del artículo, sin embargo, concluyen: «Si redujésemos la ingesta de fructosa y volviéramos a obtenerla de la fruta fresca, evitaríamos numerosas enfermedades» (el énfasis es mío). ¿Qué ocurre, entonces? ¿Comer fruta activa el interruptor de la grasa o no?

Tim Cliffe
Emmitsburg, Maryland

 

Según el artículo, hace millones de años nuestros antepasados perdieron la facultad de producir uricasa: una mutación con claras desventajas, aunque beneficiosa en épocas de hambruna. ¿Hay algún mecanismo similar que explique nuestra incapacidad de sintetizar ácido ascórbico (vitamina C)?

John Pender
Fairbanks, Alaska

 

RESPONDEN LOS AUTORES: Con respecto a la primera pregunta, lo que parece una contradicción en realidad no lo es. Hoy nuestra principal fuente de fructosa son los azúcares añadidos, como el azúcar de mesa (sacarosa) y los jarabes de glucosa presentes en numerosos dulces y bebidas azucaradas. La fruta también contiene fructosa, pero la que solemos consumir los humanos tiene mucha menos fructosa y más antioxidantes que las variedades, muy maduras, de las que se atiborran algunos animales, como orangutantes, osos y ciertos peces, a fin de acumular grasa y hacer frente a las hambrunas. Comer fruta fresca nos permitiría disfrutar del sabor dulce que tanto nos agrada sin incurrir en un consumo excesivo de fructosa. Y sus antioxidantes, incluida la vitamina C, pueden bloquear algunos de los efectos de la fructosa.

En cuanto al segundo comentario, hemos propuesto que la mutación que nos llevó a perder la capacidad para producir vitamina C pudo haber conferido una ventaja adaptativa a nuestros antepasados debido, una vez más, al aumento de la facultad para almacenar grasa. Así visto, los humanos habríamos perdido dos genes
—uno relativo a la uricasa y otro relacionado con la capacidad para producir vitamina C— cuya ausencia ayudó a nuestros ancestros en épocas de hambruna pero que, en la actualidad, podría estar incrementando el riesgo de padecer obesidad y diabetes
.

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