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1 de Julio de 2008
Medicina

Adicción al tabaco

Nuevos hallazgos revelan que la nicotina crea adicción desde muy pronto. Los primeros cigarrillos provocan una alteración cerebral que estimula el deseo compulsivo de fumar.

Durante la fase de especialización en médico de familia, aprendí cuanto se sabía sobre la adicción a la nicotina. Se venía admitiendo que las personas fumaban, ante todo, por placer, llegando así a crearse una dependencia psicológica hacia esa sensación agradable. La tolerancia a los efectos de la nicotina incitaba a fumar más a menudo. Cuando el hábito alcanzaba una frecuencia crítica (unos cinco cigarrillos diarios) y el nivel de nicotina en sangre se mantenía constante, se iniciaba la dependencia física, al cabo de miles de cigarrillos y de años de fumar. Horas después del último cigarrillo, el fumador adicto sufría síntomas de abstinencia de nicotina: agitación, irritabilidad, falta de concentración, etcétera. Según ese modelo, los que fumaban menos de cinco veces al día no se consideraban adictos.

Eso afirmaba la doctrina recibida y eso creía yo. Hasta que, durante una revisión rutinaria, una adolescente me dijo que era incapaz de dejar el tabaco a pesar de llevar sólo dos meses fumando. Primero pensé que se trataba de un caso aislado, una excepción a la regla según la cual la adicción tarda años en aparecer. Se me despertó la curiosidad. Decidí ir al instituto local para entrevistar a otros estudiantes sobre esa cuestión. Una muchacha de 14 años me contó que había fracasado en sus dos únicos intentos serios de dejar el hábito; lo asombroso es que había fumado sólo dos meses a razón de unos pocos cigarrillos por semana. Los síntomas que describía recordaban a los de los pacientes empedernidos de dos paquetes diarios. La rápida aparición de los síntomas en ausencia de un consumo diario contradecía la doctrina común sobre la adicción a la nicotina. Cuando me remonté al origen de esas teorías, descubrí que no pasaban de conjeturas poco probables.

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