De la microtécnica a la nanotécnica

Los defensores de la técnica nanométrica descubren cuán difícil les está resultando desarrollar robots minúsculos que puedan tratar enfermedades o realizar un proceso de fabricación limpia.
La idea de poder ensamblar desde ordenadores hasta caviar, a partir de moléculas individuales, cambiaría el mundo, siempre y cuando alguien encontrase la forma de llevarla a la práctica. Dirijamos la atención hacia los ensambladores nanométricos: brigadas de robots de decenas de nanómetros con brazos manipuladores robóticos que "aprehenden y colocan en su sitio". Bajo el control superior de un potente ordenador, estos dispositivos elementales se encargarían de encajar bloques de moléculas para hacer copias de sí mismos; las réplicas construirían a su vez otras; éstas, otras, y así sucesivamente en una progresión exponencial. Entonces se podrían dirigir estos equipos de construcción para que realizasen tareas sorprendentes, como curar enfermedades desde el interior del cuerpo, y fabricasen materiales de complicado diseño a partir de materias primas con un coste extraordinariamente bajo.
Durante años K. Eric Drexler y su colega Ralph C. Merkle, criptógrafo, alimentaron esta visión futurista, sirviéndose de simulaciones por ordenador de engranajes, bombas y otros subsistemas de máquinas moleculares a escala nanométrica. En las imágenes resultantes, las esferas coloreadas indican la posición de cada átomo integrante. Se levantaron críticas sobre la viabilidad real de tales simulaciones. Una cosa era, se aducía, las representaciones digitales y otra los objetos de un mundo en interacción a través de complejas fuerzas de enlace químico en el entorno de la escala nanométrica, donde no siempre se aplica la física macroscópica y a menudo prevalece la mecánica cuántica.

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