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Actualidad científica

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  • Investigación y Ciencia
  • Mayo 1994Nº 212

Geología

El manto terrestre suboceánico

Muestras recogidas del fondo oceánico revelan en qué medida las fuerzas de convección del manto modelan la superficie terrestre, crean su corteza y quizás afectan incluso a su rotación.

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Ante un globo terráqueo sentimos la tentación de suponer que continentes y océanos son elementos eternos e inmutables de la superficie terrestre. Los geofísicos saben que tal "permanencia" es mera ilusión, explicable por la brevedad de la vida humana. Durante millones de años, los bloques que constituyen la rígida capa exterior de la Tierra, la litosfera, se han estado moviendo, separándose en las dorsales mesooceánicas, deslizándose en sentido opuesto en las fallas y chocando en los márgenes de alguno de los océanos. Estos movimientos producen la deriva continental y determinan la distribución planetaria de terremotos y volcanes.

Pese a estar bien asentada la teoría de la tectónica de placas, el motor que impulsa el movimiento de las placas litosféricas sigue escapándose a los análisis fáciles. Para hacer frente a esta dificultad, hemos centrado nuestro trabajo en las dorsales mesooceánicas, estructuras grandes e impresionantes donde se abre el fondo oceánico. El examen de la composición, la topografía y la estructura sísmica a lo largo de las dorsales aporta resultados que a menudo contradicen los datos esperados. Los procesos químicos y térmicos acaecidos en el manto que subyace bajo las dorsales mesooceánicas determinan la cuantía de nueva corteza oceánica que debe formarse. La actividad del manto podría también provocar la aparición de diferentes tipos de islas en medio del mar y la formación de fosas profundas en los márgenes oceánicos. La potencia de tales procesos podría llegar a ejercer un sutil efecto sobre la rotación del planeta.

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