Defensa imposible

A lo largo de la evolución, las plantas han desarrollado refinados sistemas defensivos

ANNA GILI, MERCE RODRIGUEZ Y JOSEP-MARIA GILI

A lo largo de la evolución, las plantas han desarrollado refinados sistemas defensivos. Los habituales son de tipo morfológico: estructuras que reducen la posibilidad del ataque por herbívoros. Uno de los ejemplos clásicos, del continente africano, lo ofrecen las acacias, frecuentes en la sabana. Sus largas espinas protegen las hojas y los frutos; una altura notable las resguarda de depredadores diversos.

Sin embargo, existe una especie que ha coevolucionado con estos árboles. Nos referimos a la jirafa (Giraffa camelopardalis). Este herbívoro sortea las espinas de las acacias, su alimento favorito, con la ayuda de una lengua negra, dura y larga (unos 45 centímetros de longitud en los adultos) y unos labios acabados en punta y muy duros que les permiten recoger las hojas; un largo cuello les ayuda a alcanzar las ramas superiores. Algunas especies de acacia complementan su defensa con la presencia de especies comensales como las hormigas, que viven en agallas. Se establece un mutualismo: la planta ofrece néctar a las hormigas y éstas la defienden frente a la agresión de los herbívoros.

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