Nebulosas planetarias

Estas nubes fluorescentes de gas representan el último destello de estrellas moribundas semejantes al Sol y sirven de ayuda a los astrónomos para comprender la evolución estelar e incluso el destino último del universo.

Igual que las personas, también las estrellas envejecen y mueren. Las de mayor masa viven por breves períodos y acaban en brillantes explosiones de supernovas. Las estrellas de masa intermedia, como el Sol, mucho más corrientes, expiran con más elegancia: cuando agotan su combustible termonuclear, se hinchan y, en un espasmo final, expulsan su materia más externa creando una nube de gas esférica en expansión. El pequeño e incandescente residuo central de la estrella calienta el gas y lo hace resplandecer. Durante algunos miles de años, rodea a la estrella moribunda una nube resplandeciente, misteriosa y bella, que recibe el nombre de nebulosa planetaria.

Estas nebulosas exhiben un espectacular abanico de formas, tamaños y estructuras, ofreciendo en tal diversidad fascinantes pistas sobre la naturaleza de la evolución estelar y sobre los modos infinitos en que las estrellas interaccionan con sus entornos. Por ejemplo, dado que algunos de los elementos pesados (como el carbono, el nitrógeno y el oxígeno) formados en el núcleo de una estrella emigran hacia sus capas más exteriores, la abundancia de estos elementos en una nebulosa planetaria puede revelar cómo se mezcla el material entre las distintas partes del interior de una estrella. La nebulosa en expansión se funde con el medio interestelar —el gas que llena el espacio existente entre las estrellas— y lo enriquece con estos elementos pesados. Este es el proceso principal del regreso, al espacio, de la materia de las estrellas.

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