Dinosaurios de un continente desaparecido

Hubo una época en que el oeste norteamericano fue habitado por distintas comunidades de dinosaurios. ¿Cómo lograron coexistir tal variedad de especies gigantes en un espacio tan reducido?

Wikimedia Commons_César Dennis Méndez Peñuela_CC BY-SA 3.0

En síntesis

Durante el Cretácico superior, hace entre 70 y 90 millones de años, un mar somero inundaba el centro de Norteamérica y dividía el continente en dos regiones, una oriental y otra occidental. A esta última se la denomina Laramidia.

En los años ochenta del siglo XX, un investigador propuso que diferentes comunidades de dinosaurios habrían habitado las regiones meridionales y septentrionales de Laramidia durante millones de años. Sin embargo, algunos críticos dudaban que tantos animales de grandes dimensiones hubieran vivido en un territorio tan reducido.

Los descubrimientos realizados en el último decenio en el sur de Utah han confirmado la idea de la coexistencia de distintas comunidades de dinosaurios en el norte y en el sur. Se han descrito, además, numerosas especies nuevas, entre las que figuran algunos dinosaurios gigantes.

No se sabe con exactitud cómo lograron vivir al mismo tiempo estos enormes animales en un espacio tan pequeño. Quizá tuvieran menos necesidades energéticas que los animales terrestres de hoy, o tal vez las plantas del Cretácico superior proporcionaran más alimento que la vegetación actual.

En una fría mañana de septiembre de 2010, iniciaba junto a mi equipo, un día más, el descenso desde nuestro campamento hacia un pasado remoto. Caminábamos en fila india a lo largo de una escarpada arista de arenisca y margas en el Monumento Nacional de la Gran Escalera-Escalante, al sur de Utah. Cada uno de nosotros transportaba agua, comida, un cuaderno de notas, un martillo de geólogo y otros instrumentos ligeros. Los materiales más pesados, como cortadoras de piedra, picos, escarpas, escayola y mantas de arpillera, nos aguardaban en el yacimiento, a casi un kilómetro de distancia. Desde la colina podíamos distinguir perfectamente los envoltorios de escayola que se encontraban abajo en la cantera. Su color blanco destacaba en el paisaje gris y árido del terreno abarrancado (badlands). Algunos de los bultos no eran más grandes que una hogaza de pan, otros medían tres metros de longitud y pesaban más de una tonelada. Pero todos contenían los fósiles de animales que vivieron aquí hace 76 millones de años.

En las dos campañas de excavación realizadas en esa cantera, una de las muchas que contienen fósiles de la formación geológica Kaiparowits, hemos recuperado restos de animales sorprendentes, entre los que figuran varios dinosaurios. El fósil más espectacular corresponde a un esqueleto casi completo de Gryposaurus, un dinosaurio herbívoro de «pico de pato», con un tamaño semejante al de Tyrannosaurus. El equipo deseaba terminar pronto la excavación, ya que en pocos días vendría un helicóptero para trasladar los preciados restos a una carretera cercana. Desde allí, los fósiles se transportarían en camión al Museo de Historia Natural de Utah, en Salt Lake City. En el museo se abrirían con cuidado los envoltorios, se extraerían los fósiles de las rocas y se pegarían entre sí para reconstruirlos, tarea que duraría varios meses.

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