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Un año después del tsunami de Japón, los científicos temen que los residuos marinos del desastre puedan llegar a los arrecifes coralinos de Hawai.
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El terremoto y el posterior tsunami que azotaron Japón en marzo del año pasado crearon unos veinticinco millones de toneladas de residuos, gran parte de los cuales fueron arrastrados por el océano. Poco después del desastre, los satélites fotografiaron y rastrearon grandes alfombras de residuos (materiales de construcción, barcos y objetos domésticos) flotando cerca de la costa japonesa. Ahora, según los modelos informáticos desarrollados por Nikolai Maximenko y sus colaboradores de la Universidad de Hawai y de la Administración Nacional de la Atmósfera y el Océano estadounidense (NOAA), los residuos se dirigen hacia las islas noroccidentales de Hawai y podrían llegar allí este año.
Conscientes de los riesgos que entrañan los residuos flotantes, los científicos se están tomando muy en serio la posible amenaza. En la actualidad, un cuarenta por ciento de la superficie oceánica mundial alberga residuos de tamaños dispares, desde contenedores de carga vacíos hasta aparejos de pesca abandonados o pequeños trozos de plástico que pueden atrapar o envenenar a mamíferos marinos. Los investigadores quieren averiguar no solo si los residuos procedentes de Japón podrían llegar hasta Hawai, sino también cómo podrían interactuar con los que ya se encuentran en aquella zona.
Los vientos y las corrientes marinas han dispersado los residuos procedentes del tsunami, de manera que ya no son visibles mediante los satélites de la NOAA, así que la agencia está intentando acceder a satélites de mayor resolución para localizarlos. Este mismo año, un grupo de expertos de 5Gyres, una organización sin ánimo de lucro especializada en rastrear y analizar residuos marinos, navegará por el norte del Pacífico para investigar los procedentes del desastre japonés.
Algunos científicos ya han encontrado restos del tsunami en el mar. En septiembre, una nave rusa encontró un barco de pesca japonés, una nevera, un televisor y otros electrodomésticos flotando al oeste del atolón de Midway. En diciembre, grandes boyas de pesca japonesas llegaron a las orillas de la bahía Neah, en el estado de Washington y cerca de Vancouver.
Si objetos de ese tipo chocaran contra los frágiles arrecifes coralinos que rodean las islas noroccidentales de Hawai, los resultados podrían ser catastróficos. Los posibles riesgos incluyen daños físicos a los arrecifes y la contaminación de playas que constituyen hábitats importantes para albatros, focas monje de Hawai, tortugas marinas verdes y otras especies endémicas y en peligro de extinción. También suponen una preocupación los materiales peligrosos, como los residuos radiactivos, aunque estudios recientes muestran que su llegada a las costas ha sido mínima.
Nancy Wallace, directora del Programa de Residuos Marinos de la NOAA, afirma que la agencia se prepara para el mejor y el peor de los casos posibles. Esta organización, y otras más, tienen planes para hacerse cargo de los restos, incluidos los que puedan hallarse contaminados. Tanto si los residuos procedentes del tsunami llegan a las costas como si no, no cabe duda de que están en algún lugar de los mares, empeorando un problema ya de por sí grave y creciente.

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