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1 de Enero de 2015
Espacio

El sistema solar más allá de Neptuno

Las sondas Rosetta y New Horizons explorarán por primera vez los cometas, asteroides y planetas enanos que componen el lejano cinturón de Kuiper. Sus resultados arrojarán luz sobre la formación del sistema solar.

Las perforaciones de Philae, el módulo aterrizador de Rosetta (en la imagen, una simulación tridimensional), permitirán estudiar con detalle la composición del cometa 67P. [CORTESÍA DE ESA y ATG MEDIALAB]

En síntesis

El cinturón de Kuiper se compone de miles de millones de objetos helados que orbitan más allá de Neptuno. Se trata de ejemplares que han permanecido casi vírgenes desde los orígenes del sistema solar.

Dos misiones espaciales explorarán por fin los secretos del cinturón. Rosetta orbita ya alrededor del cometa 67P/Churyumov-Gerasimenko. New Horizons llegará a Plutón este verano.

Gracias al estudio de esos objetos, los científicos planetarios podrán disponer por primera vez de datos clave sobre la arquitectura y el proceso de formación del sistema solar.

El 20 de enero de 2014 sería un día excelente o nefasto para los hombres y mujeres responsables de la sonda espacial Rosetta. Hacía casi diez años que la Agencia Espacial Europea (ESA) había enviado la nave, de tres toneladas, hacia el cometa de engorroso nombre 67P/Churyumov-Gerasimenko (o 67P, para abreviar). El encuentro debía producirse en agosto. Si todo se desarrollaba según lo planeado, la misión lograría algo que nunca nadie había intentado con anterioridad: insertarse en órbita alrededor de un cometa y liberar un módulo aterrizador para que se posase sobre su superficie.

Pero, para que eso sucediera, Rosetta tenía antes que despertarse. Hacía más de dos años que había entrado en estado de hibernación para conservar energía. Su vuelta a la vida había sido programada para el 20 de enero a las 11:00 de la mañana, hora central europea. Los científicos e ingenieros que esperaban en la sala de control del Centro Europeo de Operaciones Espaciales, en Darmstadt, confiaban en que todo iría bien. Pero también tenían presente lo ocurrido en 1993 con la sonda de la NASA Mars Observer, que perdió el contacto por radio y desapareció sin dejar rastro. Durante unos minutos, pareció como si algo así pudiera volver a suceder.

«Vi muchas caras pálidas en la sala», recuerda Holger Sierks, miembro del Instituto Max Planck para la Investigación del Sistema Solar en Gotinga y responsable de las cámaras ópticas e infrarrojas de la nave. Tras quince minutos que duraron una eternidad, en Darmstadt se oyó un tintín electrónico. Era el aviso de llegada de una señal enviada desde más allá de Júpiter. «El alivio fue enorme», reconoce Sierks.

En las semanas posteriores quedó claro que Rosetta no solo se había despertado, sino que funcionaba a la perfección. La misión daría respuesta a preguntas clave sobre la estructura, composición y origen de los cometas, cuerpos helados que apenas han sufrido alteraciones desde la formación del sistema solar, hace 4600 millones de años. El pasado mes de noviembre, la sonda liberó su módulo de aterrizaje, Philae. Las perforaciones que el ingenio ya ha comenzado a llevar a cabo en la superficie del astro aportarán algunas pistas clave sobre la historia del sistema solar.

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    • Trigo Rodríguez, Josep M.

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