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1 de Enero de 2015
Inmunología

Envejecimiento del sistema inmunitario

Si se corrigieran las alteraciones inmunitarias asociadas a la edad, ¿se lograría una vida de mayor calidad y más duradera?

THINKSTOCK

Con el paso del tiempo, aunque a menudo no seamos conscientes de ello, nuestro organismo va cambiando. Conforme vamos acumulando décadas, comenzamos a decirnos, con una mezcla de sorpresa y frustración, «... esto a mí no me pasaba antes...». Al cruzar la cuarentena, empiezan a manifestarse ciertos rasgos de la senescencia, como la caída del cabello, la aparición de canas, la pérdida de masa muscular, la acumulación de grasa, etcétera. Y nuestra salud se hace cada vez más delicada.

La mayor predisposición a padecer enfermedades infecciosas y cáncer conforme envejecemos resulta evidente. Las vacunaciones son también menos efectivas. El incremento «natural» de esta vulnerabilidad a la enfermedad hace que las personas fallezcan en muchos casos antes de lo que debieran.

A ello contribuye en gran medida la pérdida de eficacia de nuestro sistema inmunitario. De acuerdo con nuestras investigaciones, en colaboración con el grupo de Arne Akbar, del Colegio Universitario de Londres (UCL, por sus siglas en inglés), este proceso comienza mucho antes de lo que pensamos. En concreto, hemos averiguado que se produce en los linfocitos T y está controlado por una única ruta bioquímica relacionada directamente con el metabolismo celular y los daños que va acumulando con el tiempo el ADN cromosómico.

Un fenómeno programado
El envejecimiento es un proceso fisiológico altamente regulado. Aunque en este artículo no vamos a describirlo con detalle, daremos unas pinceladas que nos sirvan de base. La especie humana está programada genéticamente para vivir unos 130 años. Sin embargo, las personas no suelen alcanzar esa edad porque fallecen antes a causa de complicaciones infecciosas o cáncer. A ello contribuye en gran medida la senescencia de ciertas células.

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