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Estiércol y resistencia a los antibióticos

THOMAS FUCHS

La aparición y difusión de los antibióticos propició su uso indiscriminado por parte de los ganaderos, que añadían estreptomicina líquida a los piensos para acelerar el crecimiento de los pollos o en dosis bajas para engordar los cerdos. Ahora sabemos que el abuso de este tipo de fármacos en el ganado promueve el crecimiento de bacterias peligrosas para la salud humana por su resistencia a los antibióticos. Entre los debates en torno al tipo de restricciones que es preciso aplicar, sigue despertando un vivo interés conocer los orígenes de las bacterias resistentes y las rutas que siguen hasta llegar a los humanos.

Jo Handelsman está resiguiendo una de esas rutas que, como ella misma dice, va «del establo a la mesa». Handelsman, microbióloga y actualmente directora asociada para la ciencia en la Oficina de Política Científica y Tecnológica de la Casa Blanca, ha estudiado las vacas lecheras, que reciben con frecuencia antibióticos y generan estiércol con el que los agricultores abonan los campos. Además de nutrientes, este fragante fertilizante puede albergar bacterias resistentes a los antibióticos, lo cual supone un problema, porque los microbios entran en contacto con las plantas que acaban en los supermercados y a veces son consumidas crudas.

Para desentrañar el origen de las bacterias resistentes, en 2013 Handelsman y sus colaboradores de la Universidad Yale abonaron parterres con estiércol de una granja cercana de Connecticut. El estiércol procedía de vacas que no habían recibido antibióticos. Pero para su sorpresa comprobaron que el suelo abonado contenía más bacterias portadoras de genes de resistencia que el enriquecido con un fertilizante nitrogenado sintético, a pesar de que las vacas no habían sido medicadas. El equipo publicó su trabajo el pasado octubre en Proceedings of the National Academy of Sciences USA.

Estudios previos habían descubierto que el estiércol de los cerdos tratados con antibióticos contenía bacterias resistentes, tales como Escherichia coli; pero los resultados de las boñigas de vaca apuntan a otros promotores de la resistencia que nada tienen que ver con el uso de los antibióticos. Algo del propio estiércol tiene que estimular la proliferación de las bacterias dotadas de resistencia natural.

Los resultados, empero, no deben hacer pensar que estas campan a sus anchas, matiza Lance Price, microbiólogo de la Universidad George Washington (ajeno al estudio). La resistencia generalizada no es inevitable, asegura. «Es posible controlarla. Tenemos datos inequívocos de que si cerramos el grifo de los antibióticos, las bacterias resistentes disminuyen».

En el próximo paso del periplo de la granja a la mesa, Handelsman analizará si los rábanos cultivados en suelos abonados con estiércol de vaca pueden adquirir genes bacterianos de resistencia a través del sistema radicular. «Poseen venas como nosotros. Hasta hoy no tenemos ninguna prueba de que estén absorbiendo bacterias, pero es una posibilidad realmente interesante», asegura.

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