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1 de Enero de 2015
Ingeniería

¿Imprimiremos casas en el espacio?

Por qué la fabricación digital cambiará nuestro mundo y por qué todavía no lo ha cambiado.

Estas piezas plásticas de ácido poliláctico se obtienen mediante impresión en 3D por deposición de filamento fundido; se trata de pequeños elementos estructurales de varios bienes de equipo. Este concepto de impresión de kits de elementos prefabricados podría extenderse a la fabricación de piezas de gran tamaño, capaces de utilizarse en ensamblajes con un factor de escala muy superior, por ejemplo en el sector de la edificación. [Fundación Privada Centro CIM. Universidad Politécnica de Cataluña-BarcelonaTECH]

La fabricación digital y, en concreto, la impresión en 3D (o fabricación aditiva) suponen una revolución en la forma de concebir, fabricar y distribuir productos. Cada vez más, aparecen en la prensa noticias sobre aplicaciones innovadoras, desarrolladas alrededor de cabezales que imprimen objetos tanto cotidianos como de última generación.

Sin embargo, las primeras patentes sobre técnicas de fabricación aditiva datan de principios de los años ochenta. ¿Cómo es que todavía no se han implantado de forma masiva? ¿Se trata de una «burbuja», más que de una auténtica revolución? ¿Qué retos técnicos deben superarse para que se produzca la adopción de este tipo de avances por parte de los consumidores?

El mercado, el mejor juez
En un mundo donde el mercado es global, la oferta también lo es, y los clientes están acostumbrados a tener todo lo que desean a precios asequibles. Por tanto, ¿qué debería condicionar la técnica con la que se fabrica una pieza? Simplemente, la optimización de costes para cada producto.

Es sencillo, pues, imaginar por qué la fabricación aditiva no ha suplantado a las técnicas de fabricación tradicionales. Hoy en día, imprimir en 3D productos de gran consumo no resulta más económico que fabricarlos masivamente en grandes plantas de producción deslocalizadas. Los equipos de impresión en 3D de escala industrial son todavía muy caros, y los materiales que utilizan tienen también costes muy elevados. Sin embargo, existen dos procesos complementarios a la fabricación que dan valor a lo que puede conseguirse mediante la impresión en 3D: el diseño y el transporte.

Los equipos de fabricación digital permiten materializar diseños imposibles de conseguir por otros medios: montajes salidos directamente de máquina, geometrías interiores que no pueden obtenerse mediante técnicas sustractivas por arranque de viruta y formas biomiméticas o bioinspiradas. Tanto es así que la revolución del diseño digital todavía no ha alcanzado todo lo que es posible fabricar. ¿Por qué?

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