Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y facilitarte el uso de la web mediante el análisis de tus preferencias de navegación. También compartimos la información sobre el tráfico por nuestra web a los medios sociales y de publicidad con los que colaboramos. Si continúas navegando, consideramos que aceptas nuestra Política de cookies .

Amantes del desierto

Los reptiles de las dunas de Arabia han desarrollado varias adaptaciones para sobrevivir en este medio tan hostil.

El reptil amante del sol por excelencia, Phrynocephalus arabicus, adopta aquí su típica postura para evitar el intenso calor que irradia la arena. [JIRI SMID]

En el corazón de la península arábiga, los grandes desiertos, con las dunas más largas y altas del mundo, constituyen uno de los ambientes más adversos del planeta. Entre sus principales características destacan la escasez de lluvia (inferior a 25 milímetros al año en algunas zonas), una elevada evaporación y temperaturas muy altas durante el día. A pesar de esas condiciones extremas, un grupo de animales, los reptiles, han conquistado con éxito este ambiente. En la actualidad existen más de 18 especies de reptiles endémicas de los desiertos de Arabia. Las fotografías corresponden a los desiertos de Rub al-Jali y al-Sharqiyah, en Omán.

La clave para sobrevivir en este medio radica en las diferentes adaptaciones que presentan los organismos. Con temperaturas diurnas a menudo superiores a los 45oC, muchos animales son nocturnos. Durante el día, las plantas les proporcionan refugio; en otras ocasiones, se entierran en la fina arena para protegerse del sol.

Los gecos del género Stenodactylus son uno de los grupos más abundantes, con numerosas especializaciones para la vida en el desierto. Pero quizás unos de los mejor adaptados son los reptiles del género Scincus, también conocidos como peces de arena, por la facilidad con la que se entierran y se mueven por debajo de ella. Sin embargo, no todos los reptiles huyen del sol. Los dos agámidos del género Phrynocephalus pueden aguantar largas horas bajo el intenso sol de la mañana. Ello les permite estar activos durante las horas centrales del día y evitar la competencia con otras especies. Algunos alcanzan temperaturas internas superiores a los 43oC, muy por encima de los límites fisiológicos de cualquier mamífero. Para evitar el sobrecalentamiento excesivo adoptan diversos comportamientos, como situarse paralelos a los rayos del sol y reducir al mínimo el contacto del cuerpo con la ardiente arena.

Algunos de los depredadores más peligrosos también se las han ingeniado para sobrevivir en las dunas y sacar el máximo partido de ellas. Para atraer a sus presas, la víbora Cerastes gasperettii entierra su cuerpo y solo deja al descubierto el extremo de la cola, que mueve como si fuese un gusano. Además, mediante ondulaciones laterales, avanza a gran velocidad con un bajo coste energético. La boa Eryx jayakari pasa la mayor parte del tiempo enterrada y se mueve dentro de la arena con gran agilidad y velocidad. Tiene los ojos en la parte superior de la cabeza, lo que le permite permanecer oculta al acecho de presas, como roedores y pequeños reptiles.

Puedes obtener el artículo en...

¿Tienes acceso?

Los boletines de Investigación y Ciencia

Elige qué contenidos quieres recibir.