Nigel Cattlin, Getty Images

El proyecto del Microbioma Humano sacó a relucir los billones de microorganismos que habitan en el cuerpo humano. Ahora ha llegado el momento de censar los microbios vegetales, y no solo los miles de millones que medran en el suelo. El interior de las raíces, las hojas y las flores albergan comunidades microbianas peculiares; se ha calculado que en conjunto su diversidad genética supera en de tres a seis órdenes de magnitud la de sus anfitrionas. A semejanza del microbioma humano, este segundo genoma suministra nutrientes a las plantas y las ayuda a combatir las enfermedades. Científicos y agricultores están convencidos de que será el próximo gran avance para la agricultura [véase «Tierra prodigiosa», por Richard Conniff; Investigación y Ciencia, noviembre de 2013].

Apenas hemos comenzado a desentrañar las interacciones entre las plantas y los microbios. Sin ir más lejos, Jeff Dangl, inmunólogo vegetal de la Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill, y sus colaboradores han descubierto hace poco que las bacterias del suelo influyen en la época de floración de una planta silvestre de la familia de la mostaza. Las conclusiones se publicaron en Ecology Letters el pasado junio. En 2012 descubrieron la sorprendente abundancia de estreptomicetos presente en las plantas. Estas bacterias son importantes sintetizadoras de antibióticos que podrían proteger las plantas de las infecciones. En resumen, Dangl y otros expertos creen que conocer estas relaciones íntimas es fundamental para mejorar la productividad agrícola ante la creciente demanda de alimentos.

Las empresas del sector agrícola opinan igual. En los últimos dos años BASF, Bayer CropScience, Chr. Hansen, Novozymes, Monsanto y numerosas empresas noveles han invertido cerca de dos mil millones de dólares en investigación y desarrollo en el campo. La mayoría están trabajando en los llamados productos biológicos-vivos. Tom Johnson, quien en fecha reciente ha vendido su empresa de Dakota del Sur TJ Technologies a Novozymes, desarrolló QuickRoots, un recubrimiento para semillas a base de bacterias y hongos que estimula el crecimiento de las raíces.

Los microorganismos también pueden servir para combatir las plagas con mayor rapidez que la mejora tradicional y la modificación genética, así como para reducir las aplicaciones excesivas de abonos. Thomas Videbæck, vicepresidente ejecutivo de Novozymes, opina que las aplicaciones de microorganismos no serán tanto un sustituto como un complemento de los métodos tradicionales. «Ninguna de estas técnicas hace milagros», asegura, «pero necesitamos soluciones para duplicar la producción de alimentos y nutrir a 9000 millones de personas». A principios de este año, Novozymes anunció la construcción de un centro en el Research Triangle Park de Carolina del Norte destinado a la fabricación de cócteles microbianos que actuarán a modo de plaguicidas y promotores del crecimiento vegetal. Esta y otras empresas aguardan expectantes los frutos que el microbioma vegetal puede deparar para el campo.

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