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1 de Agosto de 2014
Epidemiología

Detector de patógenos

Se están desarrollando aparatos para hospitales que identifican en poco tiempo casi cualquier bacteria, virus u hongo. Una red de estos dispositivos permitiría a las autoridades sanitarias salvar vidas, al detectar brotes de enfermedades con mayor prontitud que nunca.

Red de biosensores para la detección de patógenos [I LOVE DUST].

En síntesis

Se están desarrollando nuevos biosensores que permiten identificar el origen vírico, bacteriano o fúngico de una enfermedad o infección en el plazo de unas pocas horas después de analizar una muestra de un paciente.

Con ellos, las personas recibirían el tratamiento correcto más pronto y los médicos recetarían antibióticos solo cuando fuesen realmente necesarios.

Con solo conectar 200 de estos dispositivos en una red, EE.UU. podría obtener alertas tempranas de epidemias emergentes o de ataques bioterroristas.

Los principales obstáculos para crear una red de ese tipo son principalmente políticos y normativos, no técnicos.

Un día, mientras caminaba por un antiguo cementerio cerca de Filadelfia, me fijé en las fechas de nacimiento y defunción tallados en las lápidas. Recordé entonces que hasta principios del siglo XX la mayoría de las personas morían antes de cumplir los cincuenta años. El principal motivo de estos fallecimientos era una enfermedad infecciosa, como la viruela, la gripe o la neumonía.

Hoy en día, las enfermedades contagiosas constituyen una causa poco frecuente de muerte en los países desarrollados, gracias a las mejoras en el saneamiento, la nutrición y las vacunas, así como a la introducción de los antibióticos. Sin embargo, nos estamos acercando de nuevo a una era de muertes prematuras por estas dolencias, porque muchos microorganismos se están volviendo resistentes a los medicamentos y la industria farmacéutica no está desarrollando suficientes compuestos que los sustituyan.

La excesiva prescripción de antibióticos es uno de los principales factores que contribuyen a este problema y se produce por motivos comprensibles. Las herramientas diagnósticas actuales no suelen determinar de forma rápida cuál de las numerosas bacterias posibles (los únicos organismos vulnerables a los antibióticos) está causando la enfermedad. En la mayoría de los casos, se requieren métodos de cultivo anticuados que necesitan varios días para identificar las cepas bacterianas específicas. Retrasar el tratamiento puede resultar mortal, por lo que los médicos intentan cubrir todas las opciones recetando antibióticos de amplio espectro (los que terminan con muchos tipos de microorganismos). Sin embargo, a veces los fármacos matan las bacterias vulnerables, pero no afectan a algunas que se muestran resistentes a ellos. Los microorganismos se multiplican sin el control de sus competidores y se propagan a otras personas sin provocarles síntomas, hasta que encuentran las condiciones adecuadas para hacer enfermar a alguna. Tales prácticas terapéuticas ayudan hoy a salvaguardar la salud de numerosos pacientes, pero en el futuro darán lugar de forma inevitable a nuevas bacterias resistentes.

Las soluciones a esta paradoja pueden hallarse al alcance de la mano. Se están desarrollando nuevos biosensores moleculares que permitirán determinar en poco tiempo si una persona está sufriendo una infección bacteriana o de otro tipo y cuál es la especie responsable. Una característica clave de estos dispositivos es que podrán analizar casi todos los patógenos de una sola vez, en lugar de tenerlos que examinar de uno en uno. Además, los médicos que sospechen la implicación de alguna bacteria no deberán realizar suposiciones sobre su identidad. Nuestras investigaciones en Ibis Biosciences, que en estos momentos forma parte de Abbott, proporcionan la base para el desarrollo de uno de estos dispositivos. Otros ingenieros están compitiendo para concebir productos similares en otras empresas.

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