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Erosión por enfriamiento

La historia térmica de miles de rocas avala la idea de que el enfriamiento climático de los últimos millones de años aceleró la erosión de la superficie terrestre.

©Thinkstock/sisco11

Según un estudio publicado hace unos meses en Nature por Frédéric Herman, de la Universidad de Lausana, sobre la tasa de erosión de varias cadenas montañosas, el enfriamiento global acontecido a lo largo de los últimos seis millones de años aceleró la degradación de las cordilleras. Sus resultados reavivan un largo debate que vincula clima, topografía y tectónica de placas.

La elevada topografía de las cadenas montañosas responde a la lenta colisión entre placas continentales, gobernada a su vez por la dinámica de la tectónica de placas. Por otro lado, la erosión ejercida por ríos, glaciares y deslizamientos contrarresta los procesos de formación de montañas, ya que desmenuza el sustrato rocoso y transporta los sedimentos resultantes hacia regiones de menor altitud, como las cuencas sedimentarias o los océanos. Así pues, la estructura de las cadenas montañosas obedece a un complejo balance de procesos constructivos y destructivos.

Por más que hoy podamos medir los cambios topográficos recientes mediante el Sistema de Posicionamiento Global (GPS), averiguar lo acontecido en el pasado y obtener datos que abarquen las enormes escalas de tiempo asociadas supone una meta muy ambiciosa. Por ello, la influencia que ejerce el clima en los procesos erosivos y, por tanto, en la elevación y la morfología de las cadenas montañosas constituye aún un misterioso interrogante.

Cronómetros térmicos
Hace unos seis millones de años, el clima terrestre entró en una pronunciada fase de enfriamiento que provocó glaciaciones tanto en cadenas montañosas elevadas como en latitudes altas. A comienzos del Cuaternario (el período que comprende los últimos 2,6 millones de años) se expandieron vastas masas de hielo. Desde hace tiempo, los expertos parecen convenir en que el volumen de sedimentos acumulados en los océanos a lo largo de los últimos millones de años supera de largo al volumen estimado para otros períodos de duración similar. Dicha diferencia apunta a una mayor tasa de erosión durante el Cuaternario.

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