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1 de Agosto de 2014
Economía

La economía de Ponzi

Numerosas prácticas financieras y empresariales semejan una estafa piramidal clásica.

GETTY IMAGES

En síntesis

Los esquemas de Ponzi (las estafas piramidales clásicas del tipo «robar a Pedro para pagar a Pablo») probablemente hayan sido una constante en la actividad económica desde, al menos, el siglo XIX.

Un análisis cuidadoso revela que, en las economías modernas, los esquemas de Ponzi son más comunes de lo que se pensaba. En ocasiones surgen de manera espontánea, sin necesidad de un estafador.

Las burbujas financieras y numerosas prácticas empresariales comparten características con los esquemas de Ponzi. Su conexión con prácticas legítimas dificulta sobremanera su regulación.

Las estafas de Ponzi han sido un elemento recurrente en la vida económica de las naciones ricas y pobres desde, al menos, el siglo XIX. A pesar de tratarse de un timo que ha arruinado la vida de millones de personas, la mayor parte de la gente apenas tiene una vaga idea de cómo funciona. Ello tal vez explique por qué tantas personas continúan cayendo víctimas de su extraño y casi místico encanto. La cuestión ha cobrado cierta importancia en tiempo reciente a raíz de la crisis financiera mundial y de los titulares sobre la mayor estafa de Ponzi de la historia: el escándalo de Bernard Madoff, que estalló en el punto álgido de la debacle.

Cualquiera que haya seguido la debacle de Madoff habrá pensado que toda estafa de Ponzi constituye un fraude perpetrado deliberadamente. En lugar de emplear el dinero de los inversores para financiar un negocio productivo, el estafador lo usa para pagar los intereses de los inversores anteriores. Sin embargo, los economistas han comenzado a percatarse de que ese comportamiento puede también surgir de forma espontánea e incluso inconsciente. La razón se debe a que las expectativas se alimentan en cascada, lo que genera un frenesí especulativo que infla una burbuja condenada a explotar tarde o temprano.

Los expertos en mercados financieros y economía conductual han llegado a la conclusión de que la táctica de Ponzi bien podría ser endémica al flujo y reflujo de los mercados financieros globales: como si se tratara de un fenómeno natural que, al igual que las mareas o a los eclipses, no necesita ningún villano como Madoff para desencadenarse.

El esquema de Ponzi puede disfrazarse de múltiples maneras. Ello hace difícil detectarlo, aislarlo y regularlo con una normativa legal clara. Mi investigación se ha centrado en ciertas operaciones intrincadas que una empresa puede llevar a cabo para mantenerse a flote, al menos durante un tiempo. «Esquemas de Ponzi camuflados» que, aunque no quebrantan ninguna ley, pueden causar estragos.

El creciente interés por los esquemas de Ponzi no solo obedece a titulares sensacionalistas. Varios estudios han revelado que el fenómeno puede explicarse, por un lado, mediante un análisis científico que extraiga su estructura matemática subyacente, y, por otro, a partir de la psicología del timador, que apela a nuestra ingenuidad innata. Se trata de una investigación importante por cuanto suscita la esperanza de detectar a tiempo productos financieros tóxicos antes de que miles de personas sucumban y acaben arruinadas y víctimas de una profunda angustia.

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