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1 de Enero de 2007
Historia de la astronomía

El origen de las constelaciones griegas

Astronomía y arqueología, coordinadas, han descifrado el origen de las figuras de estrellas y establecido su uso por distintas culturas a través de los tiempos.

De labios de mi abuelo aprendí a identificar la constelación de la Osa Mayor. Luego, me divertía yo con unos viejos prismáticos buscando otras constelaciones en el cielo de Colorado. Incluso inventé algunas. No me preocupaban por entonces ni la edad ni el origen. Ignoraba que las constelaciones encierran un fascinante problema científico.

Cuando la Unión Astronómica Internacional estableció oficialmente en 1922 las 88 constelaciones, extrajo la mayoría de ellas del Almagesto (según el nombre árabe) de Ptolomeo, escrito hacia el 150 d.C., que describía tradiciones comunes entre los griegos, popularizadas antes en el muy difundido poema Phaenomena de Arato, del 275 a.C. El único libro que ha llegado hasta nosotros del astrónomo Hiparco, El comentario, de 147 a.C., nos revela que el poema de Arato es, en parte extensa, copia de una obra del mismo título de Eudoxo (366 a.C.), desaparecida. Estos escritos recogían las primeras descripciones de los cielos griegos; en ellas las constelaciones aparecen plenamente "dibujadas". Pero, ¿de dónde procedían las constelaciones griegas?

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