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MANOJ SHAH, GETTY IMAGES

El Centro de Conservación de Fauna de Chimfunshi en Zambia acoge docenas de chimpancés huérfanos que crecen entre coetáneos, sin la presencia de adultos. Pueden considerarse afortunados: en la selva, la orfandad es a menudo sinónimo de muerte.

Pero el crecimiento sin los progenitores no está exento de inconvenientes, por mucho que se viva en un refugio. Estudios con muy diversas especies sociales han demostrado que el desarrollo social normal depende de la presencia de individuos maduros, lo que deja en desventaja a los huérfanos.

A fin de averiguar cómo modelan los cuidados maternales las relaciones entre los chimpancés, los investigadores observaron con atención la actividad lúdica en dos poblaciones juveniles de Chimfunshi: un grupo integrado por huérfanos y otro por chimpancés criados por sus madres. Contra todo pronóstico, los huérfanos dedicaban más tiempo al juego que los segundos. «Me sentí aliviado cuando comprobamos que los huérfanos se enzarzaban en juegos sin ningún problema, puesto que esa conducta se considera un indicador de buena salud psicológica», afirma Edwin van Leeuwen, coordinador de la investigación en el Instituto Max Planck de Psicolingüística de Nimega.

Pero pese a que los chimpancés huérfanos eran juguetones, no siempre mostraban una buena actitud. La mayoría de sus niñerías no superaban los 60 segundos, mientras que los chimpancés criados tendían a jugar durante varios minutos. Es más, la conducta de los huérfanos acababa en agresión con una frecuencia cinco veces mayor, según el estudio publicado en Animal Cognition.

¿Qué hace que el juego de los jóvenes criados por sus madres no acabe en riña? Es posible que hayan aprendido a interpretar y utilizar las señales sutiles que mantienen un ambiente relajado. Muchos muestran conductas lúdicas, como mordisqueos y manotazos, que pueden confundirse fácilmente con una agresión, por lo que los jóvenes criados con los adultos aprenderían de estos las reglas del juego amistoso.

O tal vez la estricta supervisión de la madre desde temprana edad fije unos límites duraderos. Si esta interviene siempre que el juego se desmadra, «con el tiempo los chimpancés aprenden a refrenarse», explica Claudio Tennie, primatólogo de la Universidad de Birmingham.

La buena noticia para los jóvenes huérfanos es que todavía están a tiempo de aprender las normas sociales. Pueden acabar adquiriendo unas habilidades sociales suficientes, siempre y cuando tengan la oportunidad de vivir en libertad en un entorno amplio y adecuado, acompañados por otros congéneres. Chimfunshi alberga cuatro grupos de huérfanos rescatados y que en general parecen estar sanos, equilibrados y muestran el comportamiento característico de los chimpancés.

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