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1 de Diciembre de 2013
Política científica

¿Quién financiará la próxima gran idea?

Robots en miniatura, fármacos personalizados y otras técnicas que podrían cambiar nuestra vida permanecen a la espera en el laboratorio, faltos de financiación. He aquí cómo resolver el problema.

KOTRYNA ZUKAUSKAITE

El mundo actual nos proporciona una enorme variedad de productos y servicios, cuidados para la salud y tratamientos médicos, accesorios y caprichos; todos ellos entran en escena con tal rapidez que apenas logramos retenerlos. Empezamos sorprendidos y atónitos ante las maravillosas innovaciones y acabamos por depender de ellas. ¿Cómo nos las arreglábamos antes sin GPS, teléfonos inteligentes, escáneres cerebrales o cirugía ocular con láser?

Estos avances, que nos proporcionan comodidad, seguridad y salud, son fruto de descubrimientos fundamentales realizados hace decenios en ciencia de materiales, informática, biología, química o tecnologías de la información, entre otros campos de conocimiento. Y la celeridad con que brotan las nuevas ideas en los laboratorios, sean universitarios o estatales, no parece estar aflojando. La producción científica, medida por la publicación de artículos o las solicitudes de patentes, prosigue con un ritmo igual o mayor que en cualquier tiempo pasado. Además, dado que China, India y otros países han entrado con fuerza en la escena científica, cabe prever grandes avances en el futuro.

Sin embargo, la gran ciencia no se traduce automáticamente en tecnología mundial de primer orden. Esa transición exige tiempo, dinero y paciencia, bienes que resultan escasos últimamente. De hecho, la forma tradicional de llevar los descubrimientos del laboratorio al mercado, convertidos ya en aplicaciones para el mundo real, exigió enormes esfuerzos en la generación anterior. A menos que resolvamos esta dificultad, nuestro brillante futuro no llegará a concretarse. Seguimos dependiendo, de varias maneras, del éxito de inversiones del ayer.

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