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DILEMA HISTÓRICO
Al referirse al dilema del prisionero en «Redes sociales y cooperación» [Investigación y Ciencia, octubre de 2013], Anxo Sánchez escribe: «Este dilema fue propuesto en los años cincuenta por Anatol Rapoport y Albert M. Chammah en el contexto de los estudios sobre la guerra nuclear».

Lo cierto es que ya antes, en enero de 1950, Merill Flood y Melvin Dresher, de la Corporación RAND, realizaron un experimento sobre el dilema consistente en cien partidas entre dos jugadores, Armen Alchian y John Williams. Los resultados fueron publicados por Flood en una memoria de investigación en 1952. Entremedias, en mayo de 1950, Albert W. Tucker impartió una conferencia en el departamento de psicología de la Universidad Stanford sobre teoría de juegos. A este le había llamado la atención el juego de sus colegas de la RAND, el cual le había mostrado Dresher, por lo que inventó un relato de policías y delincuentes con dilema incluido que, en una carta a Dresher, describió como: «Una versión arreglada de [un] juego como el que me mostró, con el nombre de dilema del prisionero». Y, como todo buen trabajo de investigación, aportó luz aclarando la cuestión y generó consecuentes.
Dicho dilema y sus variantes cuentan con antecedentes en las recomendaciones éticas de Confucio y Séneca, así como en Platón, Aristóteles y San Mateo. Posteriormente, Kant y Hobbes incidieron en él. Entre los consecuentes, el más importante tuvo lugar en 1980. Ese año, Robert Axelrod realizó varios experimentos por computador sobre el dilema del prisionero iterativo, en el que, a diferencia del juego original, hay proyección de futuro. Publicó sus resultados en el Journal of Conflict Resolution. En este experimento, en el que participaron 14 estrategias, resultó ganadora la estrategia tit for tat («donde las dan las toman»), cuyo autor era Rapoport.

Ya antes, Rapoport había trabajado y publicado bastante sobre teoría de juegos en general y sobre el dilema en particular. Sin embargo, es inexacto afirmar que fuese él quien propuso el dilema, ya que la versión original se debe a Flood y Dresher, y la iterativa, a Axelrod. Dos interesantes y documentados trabajos al respecto son El dilema del prisionero: John von Neumann, la teoría de juegos y la bomba, de William Poundstone (1992), y «Dilemas sociales I: El dilema del prisionero y sus variantes», de Juan Pazos (Manuales Formativos de ACTA, 2011).

María Aurora Martínez Rey
Universidad a Distancia de Madrid

 

Responde Sánchez: Gracias por recordar la historia del dilema del prisionero. Efectivamente, el dilema nace en la Corporación RAND a partir del experimento de Flood y Dresher, que luego sería bautizado por Tucker. Sin embargo, siguiendo la práctica habitual, cité a Rapoport y Chammah por tratarse de la primera fuente escrita disponible (Prisoner’s dilemma: A study in conflict and cooperation; A. Rapoport y A. M. Chammah, University of Michigan Press, 1965). Es cierto que hay artículos anteriores de numerosos autores, incluidos muchos del propio Rapoport con diversos colaboradores, en revistas especializadas (como «Experimental games: A review», publicado en 1962 por A. Rapoport y C. Orwant en Behavioral Science 7, págs. 1-37), pero el libro citado es la referencia clásica. Aun así, procede la aclaración. Ellos no lo propusieron, por lo que mi redacción no es la mejor.

Confieso mi ignorancia sobre los antecedentes mencionados, pero en cuanto a los consecuentes no basta citar a Axelrod, ya que este realizó el trabajo en colaboración con el gran biólogo evolutivo William D. Hamilton («The evolution of cooperation», publicado por ambos en 1981 en Science 211, págs. 1390-1396), que ha sido considerado el mejor teórico de la evolución de la segunda mitad del sigloxx y que, muy probablemente, fue quien tuvo la idea.

Rapoport ganó no uno, sino los dos torneos organizados por Axelrod, el segundo de los cuales se hizo disponiendo de la información del primero, y ambas veces con la estrategia tit for tat (TFT). Las numerosas contribuciones de Rapoport a la teoría de juegos y, en particular, a los dilemas sociales en este período pionero no pueden minimizarse, pues su aportación con la estrategia TFT resultó clave para todos los trabajos posteriores, incluidas las conclusiones de Axelrod.

Por último, es interesante apuntar que la estrategia TFT fue «derrotada» en 1993 por la conocida como win-stay, lose-shift («la ganadora se mantiene, la perdedora se cambia»), propuesta por M. A. Nowak y K. Sigmund en «A strategy of win-stay, lose-shift that outperforms tit-for-tat in the Prisoner’s Dilemma game», publicada en 1993 en Nature 364, págs. 56-58.

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