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  • Investigación y Ciencia
  • Junio 1988Nº 141

Cosmología

El paradigma de la membrana en los agujeros negros

¿Cómo representar la interacción entre un agujero del espacio-tiempo y la materia y los campos de su entorno? Resulta instructivo imaginarse el agujero negro como una membrana conductora de electricidad.

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¿No hay manera de esbozar una explicación llana de los agujeros negros? Esas huellas de la relatividad general, que atrapan la luz, curvan el espacio y enlentecen el tiempo, ¿tienen cabida en el catálogo astrofísico de objetos que presentan un comportamiento intuitivamente claro? Se acepta hoy la existencia de los agujeros negros y se les ha asignado una función en la astrofísica; se les considera, en concreto, fuente probable de energía de los cuásares: focos puntuales y distantes que brillan como una galaxia entera. Para entender ese papel sin grandes dificultades, hemos desarrollado, junto con nuestros colegas, un nuevo paradigma de los agujeros negros, una nueva representación y descripción de los mismos. Hasta donde es posible, consideramos los agujeros negros unos objetos astrofísicos más, constituidos por materia real. Según nuestra descripción, un agujero negro es una superficie, esférica o achatada, formada por una fina membrana conductora de la electricidad.

Como entidades teóricas, los agujeros negros gozan ya de una historia dilatada. Hace doscientos años, John Michell, un físico inglés, y Pierre-Simon Laplace, matemático francés, predijeron, independientemente, la existencia de "cuerpos oscuros": objetos astronómicos con una atracción gravitacional tan intensa que ni la luz podría escaparse de ellos. La predicción, basada en la teoría corpuscular de la luz formulada por Newton y en su teoría de la gravedad, entendida como acción a distancia, no aguantó mucho tiempo. A principios del siglo XIX los experimentos revelaron que la luz no constaba dé corpúsculos, según aseguraba Newton, sino de ondas, y apuntalaron así la teoría ondulatoria de la luz enunciada por James Clerk Maxwell. Laplace, que veía cómo se desmoronaba el fundamento de su predicción, se retractó. 

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