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1 de Febrero de 2012
Comportamiento animal

Las hormigas y el arte de la guerra

Las batallas entre estos insectos guardan una sorprendente semejanza con las operaciones militares de los humanos.

JOHN DAWSON; ASESOR: STEFAN COVER, MUSEO DE ZOOLOGÍA COMPARATIVA, UNIVERSIDAD DE HARVARD

En síntesis

Algunos tipos de hormigas viven en colonias muy cohesionadas que albergan miles o millones de individuos. Estos se pelean con los de otras colonias por la obtención de recursos como el territorio o el alimento.

Las variadas tácticas de combate utilizadas por estos insectos muestran un asombroso parecido con las estrategias bélicas de los humanos, que varían según lo que se halle en juego.

La capacidad de las hormigas para la guerra se ve potenciada por su inquebrantable lealtad ala colonia.

Los furiosos combatientes forman una maraña por todas partes. La escala de la violencia resulta casi incomprensible, la batalla se extiende más allá de mi campo visual. Decenas de miles de individuos avanzan con rapidez y determinación suicida. Entregados por completo a su deber, los luchadores jamás abandonan una confrontación, ni siquiera ante una muerte segura. Los enfrentamientos son breves y brutales. De repente, tres soldados de infantería agarran un enemigo y lo sujetan hasta que uno de los guerreros más grandes llega y parte el cuerpo del prisionero, que acaba destrozado y sangrando.
Me retiro con mi cámara, jadeando en el aire húmedo de la selva malaya, y me recuerdo a mí mismo que estos rivales son hormigas, no humanos. He pasado meses observando estas muertes con una cámara fotográfica que uso a modo de lupa, pero a menudo me olvido de que lo que estoy contemplando son insectos minúsculos (en este caso se trata de Pheidologeton diversus, la hormiga merodeadora).

Desde hace tiempo se sabe que algunas especies de hormigas (y de termitas) forman colonias muy cohesionadas cuyos miembros se cuentan por millones y exhiben costumbres complejas. Entre sus hábitos destacan la regulación del tráfico, el mantenimiento de la salud de la comunidad, la domesticación de cultivos y, lo que quizá resulte más fascinante, la guerra: un feroz enfrentamiento entre dos grupos en el que ambos se arriesgan a la destrucción total. En este y otros sentidos, los humanos modernos nos parecemos más a las hormigas que a nuestros parientes vivos más cercanos, los simios, que viven en sociedades mucho más pequeñas. Sin embargo, hasta hace poco no se había apreciado la semejanza entre las tácticas de guerra de las hormigas y las nuestras. En ambas especies, la guerra conlleva una asombrosa variedad de elecciones sobre métodos de ataque y decisiones estratégicas sobre cuándo o dónde empezarlo.

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