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Rumbo a Marte

Una estrategia similar a la empleada en las misiones robóticas permitiría enviar vuelos tripulados a los asteroides y a Marte.

PATRICK LEGER

En síntesis

La nueva política espacial de EE.UU. ha puesto en duda el futuro de las misiones tripuladas a cargo de la NASA, que ahora debe subcontratar los vuelos orbitales.

Los autores han diseñado una propuesta innovadora que persigue garantizar un progreso lento pero constante en el programa de exploración humana de Marte.

Su estrategia se basa en una sucesión de proyectos escalonados que llevarían astronautas cada vez más lejos, sin comprometer la inversión tecnológica de la NASA.

En octubre de 2009, un grupo de entusiastas de la exploración espacial nos reunimos para estudiar a conciencia las posibilidades de enviar tripulantes humanos al espacio. El detonante de ese encuentro fue la comisión Augustine, un equipo de expertos convocados por el presidente Barack Obama para analizar la viabilidad de la lanzadera espacial y del proyecto que habría de sucederla. El panel había concluido que los planes de la NASA para llevar a cabo misiones tripuladas parecían seguir «una trayectoria insostenible». Tras haber trabajado en un fascinante programa de exploración robótica que ha ampliado los límites de la humanidad desde Mercurio hasta los confines del sistema solar, nos preguntábamos si podíamos hallar soluciones técnicas para algunas de las dificultades políticas y presupuestarias de la NASA.

Surgieron numerosas ideas: emplear propulsores iónicos para transportar los componentes de una base lunar; transferir energía a los vehículos robóticos situados en Fobos, la luna marciana; montar propulsores de efecto Hall de alta potencia en la Estación Espacial Internacional (ISS) y ponerla en una órbita que basculase entre la Tierra y Marte; situar con antelación motores químicos a lo largo de la trayectoria interplanetaria para que los astronautas pudieran emplearlos a su paso; utilizar cápsulas de exploración del estilo de las que aparecían en 2001: Una odisea del espacio, en lugar de trajes espaciales; o, en vez de enviar humanos a un asteroide, traer uno de tamaño reducido a la estación espacial. Tras los cálculos, hallamos que un proyecto basado en la propulsión eléctrica (ya fuese por medio de motores iónicos o alguna técnica similar) reduciría en gran medida la masa de lanzamiento necesaria para enviar misiones tripuladas hacia Marte o un asteroide.

Salvo por el humo de los cigarrillos, aquello fue como regresar a la NASA de los años sesenta: hablábamos de lo que se hallaba dentro de nuestras posibilidades y evitábamos complicarnos con lo que no. Tras ese análisis inicial, y a modo de síntesis, improvisamos un seminario para nuestros compañeros del Laboratorio de Propulsión a Chorro(JPL) de la NASA. Durante la primavera y el verano siguientes nos reunimos con otros expertos que habían mostrado interés por nuestros planteamientos, quienes nos propusieron mejoras. Nos informamos sobre los experimentos que habían realizado otros investigadores; desde ensayos con propulsores eléctricos de gran potencia hasta ligeros dispositivos solares muy eficientes. Desde entonces, nuestras discusiones han cobrado cierta entidad y se han incorporado a una corriente innovadora en la que participan miembros de la agencia y de la industria.

Como resultado, hemos combinado las propuestas más prometedoras con otras estrategias de eficiencia probada en un plan para enviar astronautas a 2008 EV5, un asteroide cercano a la Tierra, no más tarde de 2024. Este proyecto serviría como preparativo para un viaje posterior a Marte. Además, ha sido concebido para que encaje en el presupuesto actual de la NASA y, lo más importante, divide la empresa en una serie de hitos consecutivos, lo que proporcionaría la flexibilidad necesaria para adecuar el ritmo de la misión a la financiación disponible. En definitiva, el programa intenta aplicar a la exploración humana todo lo que hemos aprendido durante las expediciones robóticas.

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