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Juegos cuánticos

Un jugador que saca partido de las peculiares superposiciones de estados de la mecánica cuántica vence a un jugador clásico para el que no hay más que cara y cruz

Supongo que la mayoría de los lectores de Investigación y Ciencia han oído hablar de la mecánica cuántica y conocen sus tres principales características: que se aplica a lo muy pequeño, que introduce el azar de forma ineludible en nuestra descripción de la naturaleza y que es sumamente extraña.

Una de las propiedades que dotan a la mecánica cuántica de ese carácter extraño es la llamada dualidad onda-partícula. Muchos experimentos de interferencia muestran que la luz es una onda; sin embargo, un fenómeno conocido como efecto fotoeléctrico no puede explicarse si no se admite que la luz tiene un comportamiento corpuscular, es decir, que se trata de un conjunto de partículas o cor­púsculos. Por otro lado, las partículas que forman la materia (electrones, protones y neutrones), en la mayoría de las situaciones se comportan como corpúsculos, pero también pueden mostrar un comportamiento ondulatorio en ciertos experimentos de interferencia.

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