Luz y evolución vegetal

En el curso de la evolución unas plantas se han adaptado a una vida sometida a radiaciones extremas y otras han desarrollado una notable capacidad para acomodarse a la luz del momento.
La luz es imprescindible para la vida en el planeta. En presencia de la misma, las plantas sintetizan compuestos orgánicos a partir del dióxido de carbono y agua, es decir, acometen el proceso de fotosíntesis. Pero la luz es muy heterogénea y cambiante. Con otras palabras, las plantas se hallan a menudo expuestas a radiaciones que distan de ser óptimas para la fotosíntesis.
Para salvar tamaño escollo, los vegetales han desarrollado en el curso de la evolución una serie de adaptaciones estructurales y fisiológicas que les permiten soportar y aprovechar fotosintéticamente radiaciones bajísimas -las que se dan en el sotobosque- o muy altas, típicas de un día de pleno sol. Además, para mejorar su rendimiento fotosintético las plantas pueden modificar su estructura y fisiología en función de la radiación disponible; es lo que se llama respuesta plástica del fenotipo o plasticidad fenotípica frente al ambiente lumínico. No todas las plantas tienen la misma plasticidad fenotípica, facultad que parece guardar relación con las características del medio donde medran.

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