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1 de Noviembre de 2009
Física

Carbono

Sinónimo de vida, se originó en el interior de las estrellas.

Aunque el carbono haya adquirido mala fama en los últimos tiempos porque se asocia a los gases de efecto invernadero, fue, durante mucho tiempo, sinónimo de vida. Después de todo, el término "vida orgánica", basada en el carbono, se utiliza a menudo para referirse a "la vida tal y como se conoce"; asimismo, un "compuesto orgánico" significa un "compuesto de carbono", aunque no intervenga en él ningún ser vivo.

Pero el sexto elemento de la tabla periódica --y el cuarto más abundante del universo-- no ha existido desde el inicio del tiempo. Durante la gran explosión ("Big Bang") se formaron sólo hidrógeno, helio y trazas de litio. El resto de los elementos, entre ellos el carbono, se creó más tarde, sobre todo mediante la fusión nuclear en el interior de las estrellas y las explosiones de las supernovas.

A las temperaturas y presiones extraordinariamente elevadas del centro de una estrella, los núcleos atómicos chocan entre sí y se fusionan, dando lugar a otros núcleos de mayor peso. En una estrella joven, la mayor parte corresponde a hidrógeno que se fusiona y se convierte en helio. La unión de dos núcleos de helio (cada uno con dos protones y dos neutrones) forma un núcleo de berilio, que tiene cuatro protones y cuatro neutrones. Sin embargo, ese isótopo de berilio, inestable, tiende a desintegrarse muy poco después. De ese modo, parecería imposible la formación de carbono u otros elementos más pesados.

Mas, avanzada la vida de la estrella, la temperatura interna se eleva por encima de los 100 millones de kelvin. Sólo entonces se produce berilio con prontitud suficiente para sumar una cantidad importante de ese elemento en un momento dado; surge así la posibilidad de que otros núcleos de helio choquen contra los de berilio y se origine carbono. Después, pueden producirse más reacciones, que dan lugar a otros elementos de la tabla periódica, hasta el hierro.

Cuando en el centro de una estrella se agotan los núcleos que se fusionan, remite la presión hacia fuera ejercida por la reacción de fusión nuclear; la estrella colapsa bajo su propio peso. Si la estrella presenta el tamaño suficiente, provocará uno de los resplandores más espectaculares del universo: una explosión de supernova. Tales cataclismos resultan beneficiosos, ya que las supernovas permiten dispersar el carbono y otros elementos (algunos de ellos originados en las mismas explosiones) por la galaxia, donde darán lugar a nuevas estrellas y también a planetas, vida... y gases de efecto invernadero.

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