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1 de Noviembre de 2009
Reproducción

La píldora

Los tratamientos de infertilidad han llevado a la "liberación reproductora".
CORBIS
El anticonceptivo oral se ha difundido hasta tal punto en todo el mundo que acabó llamándosele simplemente "la píldora". Durante decenios había sido el sueño de Margaret Sanger, preconizadora de la planificación familiar, aunque ninguno de los hombres que convirtieron en realidad su deseo emprendió sus trabajos con ese propósito. En los años treinta del siglo xx empezó a conocerse la función de las hormonas esteroides en el cuerpo y a pensar en su potencial terapéutico, pero la extracción de hormonas de animales resultaba prohibitivamente cara para la mayoría de las aplicaciones médicas. En 1930, el químico estadounidense Russell Marker ideó un método para fabricar esteroides a partir de plantas, método que todavía hoy sigue siendo la base de la producción de hormonas. La empresa que fundó, Syntex, desarrolló pronto una progesterona sintética inyectable derivada de un ñame silvestre.
La progesterona era un fármaco que parecía interesante para el tratamiento de las irregularidades menstruales que contribuían a la infertilidad: su función natural es impedir la ovulación durante el embarazo y en partes del ciclo menstrual de la mujer. En 1951, Carl Djerassi, químico de Syntex y más tarde también escritor, sintetizó una progestina de origen vegetal que podía administrarse de forma práctica por vía oral.
En 1953, cuando Sanger y su adinerada benefactora Katharine Dexter McCormick hablaron con el experto en esteroides Gregory Pincus sobre la creación de una píldora anticonceptiva, éste estaba trabajando para una organización pequeña y en apuros de Massachusetts, la Fundación Worcester de Biología Experimental. Pero veinte años antes, en la Universidad de Harvard, había provocado cierto escándalo al realizar la fecundación in vitro de conejos; Sanger pensó que Pincus poseía la audacia y el conocimiento necesarios para producir su largamente buscada píldora.
Pincus a su vez contrató a un médico especialista en fertilidad, John Rock, que ya utilizaba la progesterona para suspender durante unos meses la ovulación de sus pacientes con la esperanza de estimular su fecundidad. Todavía con el pretexto de investigar sobre la fertilidad, Rock y Pincus emprendieron en 1954 el primer ensayo en humanos: inyectaron progestinas sintéticas a 50 mujeres durante tres meses. Todas interrumpieron la ovulación mientras duró el ensayo y la reanudaron cuando se retiraron los fármacos. Tras varios años de experimentación, la Agencia Federal de Fármacos y Alimentos de EE.UU. aprobaba en junio de 1960 la primera píldora anticonceptiva.

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