Las asclepias y sus visitantes

Los animales que frecuentan las asclepias constituyen una comunidad modelo para el estudio de la interacción entre especies. Llegan en busca de alimento, pero unos cuantos satisfacen, además, las necesidades reproductoras del vegetal.

El algodoncillo, una planta de la familia de las asclepiadáceas, acoge anualmente a un variopinto conjunto de insectos y de animales. La planta se encuentra en su máximo esplendor a principios del verano, cuando sus flores atraen a abejas, mariposas, polillas y pequeños insectos, que acuden al néctar azucarado que contienen. Más de uno vendrá, de paso, a satisfacer las necesidades reproductivas de la planta, transportando su polen, a veces hasta lugares muy alejados. Hay quienes se limitan a alimentarse; los afídidos, por ejemplo, chupan la savia; las larvas de la mariposa monarca comen las hojas. Las chinches atacan las semillas a finales del verano. En esa agitada vida animal alternan parásitos y depredadores, entre los que figuran las avispas y las arañas, así como carroñeros, que reclaman para sí todo lo que los depredadores vayan dejando a su paso.

Toda esta actividad atrae además a otro visitante ocasional: el ecólogo, que encuentra allí un microcosmos muy adecuado para el estudio de las relaciones entre especies. El grupo es lo suficientemente rico y variado para recabar su interés, pero no tan complejo que el número de relaciones entre especies resulte inmanejable. La comunidad está además bastante aislada. Los animales que se encuentran en las plantas en un momento dado no se relacionan mucho con otras especies vegetales y los hay que pasan toda su vida asociados a ellas. Por todas esas razones, esta asclepiadácea constituye un modelo útil para los estudios ecológicos de campo.

Puedes obtener el artículo en...

¿Tienes acceso a la revista?

Los boletines de Investigación y Ciencia

Elige qué contenidos quieres recibir.