Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y facilitarte el uso de la web mediante el análisis de tus preferencias de navegación. También compartimos la información sobre el tráfico por nuestra web a los medios sociales y de publicidad con los que colaboramos. Si continúas navegando, consideramos que aceptas nuestra Política de cookies .

1 de Junio de 2013
Astronomía

Destino: el agujero negro del centro de la galaxia

DON DIXON

Hace tiempo que los astrónomos sabían que sucedería. En algún momento del verano —tal vez este mismo mes—, una gran nube de gas y polvo se adentrará en la región central de la Vía Láctea, donde habita un agujero negro supermasivo de cuatro millones de masas solares. Se cree que la nube podría incluso albergar una estrella joven en su interior.

El espectáculo que se avecina debería revelar todo tipo de información sobre el misterioso núcleo galáctico, una zona difícil de estudiar debido a la gran cantidad de polvo que la rodea y la enorme distancia a la que se encuentra. Los expertos llevan tiempo preguntándose por qué, a diferencia de lo que ocurre con los agujeros negros supermasivos de otras galaxias, el de la Vía Láctea se muestra tan calmo. No parece engullir la materia circundante al ritmo que cabría esperar.

Por desgracia, la región resulta demasiado minúscula y distante como para analizarla en detalle (piense en algo así como pintar la Mona Lisa sobre la superficie de una chincheta, enviarla a la Luna e intentar después estudiar su sonrisa). Las imágenes de la zona se muestran muy borrosas, lo que dificulta entender por qué allí no se producen los estallidos de energía que deberían generarse cuando un objeto cuatro millones de veces más masivo que el Sol devora el gas que lo rodea. Por todo ello, el acontecimiento ha suscitado una gran expectación entre los astrónomos.

«Cuando un meteorito atraviesa la atmósfera terrestre podemos ver cómo se consume debido al rozamiento. Ahora presenciaremos algo similar: la interacción entre la nube y las otras masas de gas que se precipitan en espiral hacia el agujero negro», explica Eliot Quataert, astrofísico de la Universidad de Califor­nia en Berkeley. El resultado será una gran llamarada cósmica cuyos datos mantendrán ocupados a los astrónomos durante los próximos años.

Los investigadores esperan también averiguar el origen de la nube. Algunos creen que podría haberse formado por la colisión de dos masas de gas cerca del centro galáctico, un suceso que se habría llevado parte del momento que las mantenía en órbita en torno a la estrella. Otros piensan que tal vez se trate de un sistema estelar errante, joven y tenue, cuyo polvo aún no habría tenido tiempo de formar planetas.

Pero, con independencia del origen de la nube, su destino no deja lugar a dudas: antes o después traspasará el horizonte de sucesos del agujero negro y perecerá. Pero, antes de que eso ocurra, los astrónomos la estudiarán con todo detalle. Stefan Gillessen, uno de los miembros del equipo que la descubrió en 2011, quiere ver en ello un aspecto positivo: «Es desdichada en el sentido de que será destruida, pero afortunada en el sentido de que pronto se hará muy famosa».

Puedes obtener el artículo en...

Los boletines de Investigación y Ciencia

Elige qué contenidos quieres recibir.