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Mecánica celeste con rozamiento

En un futuro lejano, la Tierra y la Luna describirán una rotación síncrona y ambas se darán continuamente la misma cara.

DOMINIO PÚBLICO

En 1754, cuando la Real Academia Prusiana de las Ciencias planteó a la comunidad científica si el sistema solar sufriría cambios a largo plazo, puso en duda la visión del mundo imperante en aquella época. La respuesta correcta llegó de un joven físico que, años más tarde, alcanzaría fama universal como autoridad filosófica sobre las concepciones del mundo: Immanuel Kant.

Hasta mediados del siglo XVIII, el universo se concebía como un gran reloj que repetía una y otra vez los mismos movimientos con una precisión extrema. No en vano, resulta posible calcular eclipses solares y lunares hacia delante y hacia atrás en el tiempo a lo largo de miles de años. Ello resulta posible porque, en el movimiento entre dos cuerpos celestes, el rozamiento no desempeña ningún papel.

Sin embargo, como bien señalara Kant, la fricción sí afecta a la dinámica interna de los astros. Dado que la atracción gravitatoria decrece con la distancia, la Luna ejerce un arrastre ligeramente mayor sobre la cara de la Tierra que se halla enfrentada al satélite. Tales fuerzas, denominadas fuerzas de marea, provocan una pequeña elevación de los continentes y del fondo marino y, como es bien sabido, incrementan también el nivel del mar en algunos decímetros.

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